viernes, 27 de febrero de 2015

FRÍA LLUVIA, ARDIENTE NOCHE

La lluvia arreciaba en el cristal del coche mientras esperaba el cambio de color del semáforo. Un día de lluvia como este solo apetecía estar en casa con el pijama puesto, un buen libro, la chimenea a pleno rendimiento y una buena copa.

Un claxon me saco de mis pensamientos y comprobé el color del semáforo. Puse primera y me dispuse a salir rápido cuando bruscamente tuve que volver a pisar el freno pues atisbe a duras penas por el chaparrón que estaba cayendo que una persona estaba terminando de cruzar la calle, la deje pasar y me puse en marcha, una vez pasado el semáforo gire a la izquierda para desplazarme unos metros, me disponía a meter el coche en la cochera. Puse una rueda en la acera y pulse el botón del mando a distancia, mientras la puerta se elevaba lentamente pude ver como la mujer que había cruzado el semáforo se metía en la cochera de la comunidad agachando levemente la cabeza. Cuando la puerta se terminó de abrir y las luces parpadeaban, mientras acababan de encenderse, pude observar como la mujer con una silueta desdibujada por el chubasquero se dirigía hacia una plaza de aparcamiento muy concreta, la mía. Cuando aparqué el coche y me dispuse a bajarme pude observar como se encaminaba sin ningún lugar a dudas hacia mí, pude ver perfectamente de quién se trataba.

Era simplemente la mejor mujer del mundo, era simplemente aquella que me hizo volver a creer en el amor, aquella de cuyo vientre nació uno de los seres más maravillosos que la vida me hizo conocer, una belleza que para mí se convertía en canon universal. Su camino se dibujaba en el suelo por las gotas que llovían de sus ropajes. La leve sonrisa que asomaba entre sus labios me dijo que daba igual el día que hubiera tenido, que estaba ahí porque simplemente mi amada era así y que gracias a ella yo estaba aquí y gracias a mi ella también. Tormentas, catástrofes, desdichas, alegrías, sorpresas,... y un sinfín de experiencias habíamos vividos juntos y no había mejor recompensa que verla al llegar a casa, acercarme a ella y simplemente besarla.

¿De donde vienes a estas horas?

He llevado al peque a casa de tus padres, hoy te quería para mi sola.

 
El resto de la historia se convierte en un momento privado entre ambos que cada uno de vosotros imaginará a su manera, solo os puedo decir que con una maravillosa mujer como la que me acompañó esa noche faltan palabras en el mundo para describir mis sentimientos

miércoles, 25 de febrero de 2015

UN CAFÉ EN CUALQUIER FRIA TERRAZA

Humeaba el café en la taza de porcelana que el camarero había traído hacía breves instantes, mientras yo agitaba el azucarillo para endulzar un poco su amargo sabor. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras rasgaba el borde superior del paquetillo de azúcar, el borde recién cortado formaba una pequeña bolilla de papel entre mis fríos dedos. Apunté con ella hacia el exterior de la terraza de la cafetería, cuando un pensamiento asaltó mi mente y pensé en la suciedad que siempre se ve en la calle y que gestos como el que yo estaba apunto de realizar contribuían en alguna medida a que esta se incrementara, lo deposité en el borde del plato del café y acerque mi mano al extremo superior de la taza, realizando un lento movimiento de la muñeca y dejo caer el contenido en el interior del café, a la vez que realizo pequeños círculos concentricos. Se forma una pequeña isla de azúcar encima de la espesa espuma que al café se le había formado en su parte superior al incorporarle la leche recién hervida, poco a poco esta pequeña isla adquiría el color marrón del café aumentando poco a poco su peso y recordándome la escena de aquella famosa película, Titanic.

Recogemos la plateada cucharilla del plato y la introducimos en el sobrecito de papel para quitarle los restos de cal, que deja el agua del lavavajillas al secarse, presionándolo con los dedos fuertemente mientras se me levantaba el pelo de la frente debido a la brisa gélida que se había levantado a esta temprana hora de la mañana.

Hundiendo la cuchara en el café y arrastrando con el gesto gran parte de la espuma que rodea el ojo que ha abierto el azúcar tras su hundimiento y los restos de esa dulce sustancia que aún quedaban en la superficie.
 
Comienzo a agitar el café girando lentamente la cuchara en el sentido de las agujas del reloj, mientras oteo en la distancia como algunos gorriones se acercan a los pequeños charcos que la lluvia de anoche dejo en los jardines de la ciudad. Habiendo dado fin al proceso de origen del nacimiento del remolino que se ha creado en el interior del café golpeo tres veces la cucharilla en el borde de la taza mientras la velocidad del remolino va disminuyendo para finalizar siendo un leve movimiento de un día calmado como el de hoy. Me dispongo a coger la taza por el asa dispuesta a tal fin, sintiendo como el calor del café se acercaba peligrosamente a la yema de mis dedos sin elevar la temperatura de estos más de lo normal.
 
Llegó el ansiado momento, respiro hondo, cierro lo ojos, acerco lentamente el borde de la taza a mis labios que aún se encuentran resecos por el frio, que los ha amoratado ligeramente en el paseo matinal que suelo tener muchos de los domingos de invierno. Siento el calor del humo que sigue desprendiendo el café desde el interior de la taza cuando la primera ola de la marea de café comienza a debilitar el frío de mis labios para posteriormente con un amargo dulzor cubrir completamente mi boca ansiosa de saborear el esperado cocktail de sabores y sensaciones que el café matutino de cada domingo suele despertar en mi.
 
Solo eso un café, pero puede ser una experiencia única. Espero que hayáis sentido el olor del café mientras leíais estas líneas y que lo hayáis disfrutado tanto como yo lo suelo disfrutar cuando lo tomo.
 
Si os gusto dadle a +1 y compartid el momento.

martes, 24 de febrero de 2015

QUIZÁS, SOLO... QUIZÁS

Quizás fue un sueño.
Quizás un recuerdo.
Quizás un anhelo.
Quizás, solo... quizás...


Una despedida soñada o solo un recuerdo futuro de algo anhelado. Sabía que tenías que irte pero no quería decirte adiós, solo dejar de verte lastraba el silencio de mi camino. Solo saber que tenía que decirte adiós, quizás y solo quizás ese pensamiento fue lo que te hizo venir a verme antes de irte.

"El momento está llegando y lo sabes no te hagas sufrir más" fue lo único que tus labios dijeron. No te dije nada simplemente te observaba mientras pensaba que solo tenías que seguir respirando y aguantando un poco más y todo se solucionaría. Tu mirada me decía lo contrario, la vida de siempre no estaba ahí, la sonrisa perenne en tu boca se diluía por primera vez en tu rostro. La realidad se volvió sueño o quizás fue un sueño que no quería que se hiciera realidad.

La luz de la ventana arañaba mi rostro y el rápido parpadeo me decía no te despiertes sigue soñando. Pero cual niño pequeño en la mañana de reyes parecía tener prisa por saber que solo el sueño me había ofuscado el día. Un café, media tostada, agua fría en el rostro y un extraño sudor frio invadió mis manos.

¿Un sueño, solamente un sueño? Tiempo había pasado y la mirada del hombre del cristal se perdía en mi mirada, no sé el tiempo transcurrido, la melodía, dulce melodía del teléfono, sonó como estruendo de tempestad, el parpadeo corto el cruce de miradas. Hundiendo la cabeza en mis hombros y sabiendo que no quería cogerlo simplemente balbuceé: "Adiós, siempre recordaré que estuviste hoy aquí."

Con todo mi cariño para C.P.L.