martes, 31 de marzo de 2015

UN PASEO... DIFERENTE (PARTE 1)

Nacían los primeros minutos de una medianoche cualquiera un día de primavera, me disponía a comenzar un paseo nocturno por las calles de mi villa. Las farolas iluminaban cuales viejas antorchas, alguna, incluso tintineaba en su frío fulgor. Como compañía solo estaban mis pensamientos y algún grillo que acompasaba sus cantos con mis lentos pasos. La calles eran fríos desiertos de personas, los coches cuales carruajes abandonados yacían en sus aparcamientos mientras a lo lejos solo me encontraba con las siluetas de alguna pareja de enamorados dándose el último "hasta mañana". Mis pasos se encaminaban con destino fijo hacia ninguna parte. Era una de esas noches de primavera en las que la temperatura era agradable, sin llegar a ser ni fría ni calurosa. La noche prometía depararme alguna sorpresa, mas juro por Dios que no me podía imaginar cual sería.

Mis pasos sin rumbo me habían hecho llegar a las afueras de la villa sin saber muy bien por qué, en este momento las farolas se separaban un poco más unas de otras y me encontraba con alguna zona de penumbra algo más acentuada. Por un momento descubrí que solo se oía el eco de mi caminar, hasta los grillos habían dejado de acompañarme. En un instante de mi paseo cerca de los alrededores del camposanto noté un escalofrío en mi espalda, pero era normal, la temperatura poco a poco descendía y mi único ropaje era una camisa de manga corta. Cubrí mi cuerpo con una rebeca al tiempo que me percataba de que hasta el eco de mis pasos se había silenciado, quizás debido a que ahora andaba por suelo de gravilla y había abandonado el frío asfalto. Pronto o tal vez algo tarde reparé en que no era solo un paseo, que aquella noche se iba a convertir en un punto de inflexión en mi vida. Llevaría un indeterminado tiempo con mi paseo cuando observé que no era solo la luz de la luna y mi sombra las que me acompañaban. 

- ¿Quién sois?- pregunté.

Un silencio que quizás estuvo a punto de confirmar que solo era una vaga ilusión de compañía en la solitaria oscuridad, me hizo volver a preguntar en voz alta.

- ¿Por qué me seguís?

Pero esta vez sí tuve respuesta, de la sombra que un olivo, a la luz de la tenue luna, le hace mostrar su enrevesada forma en el suelo, pude atisbar una silueta algo mas oscura que poco a poco acercaba sus pasos hacia mi, un hombre de cuerpo poco engrosado y un color de piel blancuzco que hasta para ser noche cerrada destacaba en la oscuridad.

- Buenas noches caballero, perdonad si os he molestado en vuestro paseo no quería incordiar.- Dijo con voz seca y dulce a la vez, profunda y cercana.
- No incordiáis, simplemente no esperaba encontrar a nadie en mi paseo, por eso salgo a estas horas.
- Es curioso, ese mismo motivo me hace salir a mi a estas horas también.
- ¿A donde os encaminan vuestros pasos? Nunca os había visto por la villa, ¿sois de aquí?
-Bueno, un poco de aquí un poco de allí, soy de todos sitios, realizando un trabajo por aquí y por allá.
- Un trotamundos de hoy día, ¿no? Bueno quizás todos tenemos un poco de trotamundos en este mundo de hoy.
- ¿Permitís compañía en vuestro paseo? No estaría mal para este viejo algo de charla y compaña.
 

lunes, 23 de marzo de 2015

AL FINAL, SIEMPRE ACABA BIEN

La tenue luz alumbraba el nocturno silencio del salón, únicamente roto por la música y la voz del locutor de radio. La tensión del día aún pululaba por mi mente, una inoportuna y temprana llamada de teléfono, una posterior discusión y todo un día por delante para acabar rendido en el sillón tras una funesta jornada de trabajo. Respiraba ofuscación por cada uno de los poros de mi cuerpo mientras intentaba apaciguarme con el sonido de la melodía e intentaba sumergirme en un preciado campo de pensamientos positivos. Con los parpados cerrados pude intuir la cercanía de mi amada al ensombrecerse el fulgor de la lámpara, no tengo ganas de hablar, me dije a mi mismo sin separar mis sellados labios.
- ¿Un mal día cariño? Olvídalo ya estas en casa.
Me susurro al odio, mientras sus manos me agarraban con firmeza los hombros a la vez que circundaba el sillón, aquel sillón en el que intente hacer mi fuerte para poco a poco aislarme de todo. Apoyó su otra mano en mi otro hombro asiendo fuertemente mi sobrecargado cuello y comenzó a desabotonar los botones superiores de la camisa. Comencé a sentir sus suaves y cálidas manos arrancar en cada uno de sus vaivenes la rabia contenida. Sus labios se acercaron a mi oído sintiendo el aire de su susurro rozando el lóbulo de mi oreja haciendo estremecerse el resto de mi cuerpo, para solo decir:
- ¡Ya estás en tu casa!, relájate y si quieres cuéntame. Los niños duermen y cuando tu quieras la cena esta lista.
La sensación de gozo fue inundando mi cuerpo y mente, haciendo desaparecer poco a poco los recuerdos del día. Con mi mano derecha agarre su mano izquierda y forzándola lentamente a sentarse cual joven amazona, aunque quizás esa virtud el tiempo ya se la quitó, seguirá siendo eternamente joven ante mis ojos. Quizás por costumbre, quizás por necesidad, quizás por obligación o como a mi me gusta pensar por que nunca vendería mi alma al diablo, pero mil veces le vendería a ella mi corazón.
Yo - ¿Sabes una cosa?
Ella - Dime
Yo - Simplemente eres maravillosa.
Tras decir eso, simplemente le robe un beso, quizás fue el mejor beso que había entregado en mi vida, aunque siempre que sus labios y los míos se juntan vuelvo a pensar lo mismo. Sabía que era la mujer perfecta para algún día, Dios quiera que muy lejano, despedirme de esta vida entre sus cálidas manos o abandonar esta vida para saber que ella me espera en la otra.
Todo el mundo tenemos un alma como la que yo tuve la suerte de encontrar en esta vida. No te canses nunca búscala y recuerda cuando dejes de buscarla aparecerá. Este breve texto se lo dedico con todo mi amor a MCCT.

sábado, 21 de marzo de 2015

EL RENACER DE UN REY (PARTE 3)


El tiempo transcurrió, yo fui creciendo y volviendo a ver a Selene en escasas ocasiones y desde la distancia. Fui aprendiendo en la vida pero sentía una gran sensación de vacío, faltaba algo. Rondaba los 16 años y simplemente conocía a Orihada y sus enseñanzas, fue cuando comencé a soñar y a tener curiosidad por cosas y cosas a las que no encontraba razón, que desconocía y pretendía saber, sin saber ni donde ni el que buscar.

Recuerdo aún el primer sueño, me levante sudando con el corazón en la boca sin saber que había ocurrido aunque más tarde Orihada me lo explicaría a su manera.

Estaba solo en un gran valle rodeado de árboles, con un gran lago enfrente, justo delante de aquellas altísimas montañas con ropa cubriendo mi cuerpo, pero con la sensación de estar desnudo. Allí solo con una gran sensación de vacío solo había una voz.

- Has crecido!
- ¿Quién es? ¿Donde estas? ¿Por qué no te veo?
- Eres un hombre, pero aún no te has dado cuenta de quién eres ¿Verdad?
- Deja que te vea ¿Dónde estás? No puedo hablar contigo si no te veo, no sé puede hablar con una voz.

La voz lo envolvía todo era profunda y seca pero a la vez cariñosa, usaba un tono amable y agradable.

- No tengas miedo no te va a ocurrir nada.
- No tengo miedo, no lo he tenido nunca mucho menos a una voz.
- Eres valiente.

A la misma vez que se oían estas palabras el sol empezaba a perderse por el abrupto horizonte y dejaba ver a una joven en pie en una barca cerca de la orilla del lago. Me acerqué a ella creyendo que era la persona con quien estaba hablando. Cuando llegue a la orilla ella perdió el equilibrio y cayó al agua, espere que nadara hasta la orilla pero para mi sorpresa no se movía, solo pataleaba y pedía ayuda, se estaba ahogando. Me olvide de la voz me zambullí en el agua, fue una sensación extraña estaba seco pero mojado, nadaba y nadaba y nadaba pero parecía no alcanzarla. Cuando me estaba acercando a la barca ella había dejado de moverse y se estaba hundiendo, me zambullí en el agua para intentar alcanzarla; juro que me hundí hasta que me faltaba el aire y tuve que volver a la superficie creía que se había ahogado y volví a zambullirme y seguí hasta lo mas hondo que pude. Cuando ya no tenía aire en los pulmones, cuando creí que la había perdido y que yo iba a desfallecer también me sorprendió esa imagen, era ella, era,…..

No podía ser ya estaba muerta, pero esa cara, creí que me faltaba el aire, no sabia que hacer ahora era ella la que se acercaba a mi, sonreía, estaba feliz. No entiendo porque no podía alcanzarla y estaba ahí junto a mí sonriendo y mirándome, era una mirada calida. Iba vestida de blanco una larga melena le caía por su pecho y extendía sus brazos hacia mi. Solo fui capaz de expresar una palabra y ella me respondió lo que yo quería oír.

- ¿Madre?
- Hijo!

Me confirmo que no había sido mi imaginación, recordaba esa cara, era la que tenía grabada en el recuerdo de mi nacimiento, aunque ahora estaba soñando.

Justo en ese momento se me nublo la vista y perdí la conciencia, cuando la recobre me encontré justo en la orilla del lago y el agua acariciaba mis pies. No había nadie, ni barca, ni madre, ni nada, solo otra vez esa voz que no era de ella y que retumbaba en mi cabeza.

- Valiente y de corazón noble
- ¿Quién es? ¡Maldita sea!
- Hace falta decírtelo. Aun te quedan cosas por aprender hijo mío.
- ¿Padre? ¿Eres tú?

Justo cuando formulé esa pregunta mire tras de mi y… ahí estaba era yo pero con 20 años más, era esa voz. Era corpulento, con una melena de pelo ondulado y músculos desarrollados, ancho de hombros y piernas fuertes como árboles. Era él quien hablaba, era mi padre.

- Veo que empiezas a comprender.
- ¿A comprender que?
- Todo a su tiempo hijo mío ¡Sígueme! – otra vez esa maldita explicación pero esta vez fue como una suave orden que acogí gustosamente, como si fuera algo que hubiera deseado siempre escuchar.

Todo el paisaje había cambiado, ya no estaba en el valle, me encontraba junto a un campo de batalla en el cual se había establecido combate no hacia mucho tiempo, pues aun seguían sonando el tronar de las espadas. El olor a humo, ese olor a muerte aún flotaba en el ambiente. Era,…  no podía ser, era mi pueblo.

- ¿Qué ha ocurrido? ¿Es el pueblo?
- Si. –fue un si seco- es el día que tu naciste. Es tu pueblo.
- ¿A que hemos venido aquí?
- ¡Silencio, observa y aprende! Tienes que verlo para comprender.

El pueblo estaba arrasado solo había fuego y cenizas, cadáveres, a medio vestir, por todos lados, mujeres muertas con sus hijos aun muriéndose en sus brazos. Eran familiares, amigos, conocidos de mis padres. Sus asesinos aún estaban allí. Me sorprendí junto a la cabaña de mis padres allí estaba mi madre sentada en el suelo y aún embarazada de mi, pero el parto había comenzado, mi padre junto a ella luchaba para protegerla del agresor, un hombre también alto y corpulento. El combate retumbaba como si fueran los mismos Dioses los que luchaban como si fueran truenos cada vez que chocaban las espadas. Era el combate entre mi padre y su asesino. 

Tras un buen rato de lucha mi padre tropezó y perdió el equilibrio cayo justo al lado de mi madre. Entonces su asesino se dirigió a ella, que estaba pariendo,… pariéndome a mí.

Intente detenerle pero mi padre me detuvo diciendo: “Ya ha ocurrido, solo podemos observar y aprender”

Justo cuando mi madre me acurruco entre sus brazos y me cubrió con sus ropas el hombre sonrió y se dispuso a matarme, justo al nacer. ¿Era por mí esa matanza? ¿Qué había hecho yo? ¿Por qué me tenía ese odio ese desconocido? Cuando se disponía a asestar el golpe definitivo mi padre se interpuso entre la espada y yo, y cubrió a mi madre con su cuerpo. Su asesino asestó el golpe y atravesó su corazón alcanzando también mortalmente a mi madre. Me salvo la vida lo mire y estaba impertérrito, como si ese no fuera el, acababa de morir por salvar a su hijo un bebe que moriría seguramente horas después. Solo se giro, me sonrió y me aprendió para que siguiera mirando la escena, cosa que en realidad no me apetecía. El sueño más feliz de mi vida se había convertido en la pesadilla más horrorosa que un niño, ¿o un hombre?, pudiera imaginar. 

La risa del asesino fue ensordecedora, en ese momento observe a mi madre y a su asesino. Se disponía a sacar su espada de los cuerpos inertes de mis padres, cuando se disponía a hacerlo se acerco a él un… muchacho delgado con cabellos dorados y de piel oscura, oscura como el carbón mas negro. Y puso su mano sobre la espada. El asesino retrocedió ante la visión del niño y la sonrisa se borro de su sorprendido rostro, giro su mirada junto a mí, cuando observé que era lo que miraba. Había un espectador más justo a mi lado, era un hombre sin color de piel, su pelo daba la impresión de ser frágil en exceso, sus ojos eran todo menos eso, ojos, eran unos abismos negros como un pozo sin fondo, como si no estuvieran ahí, pero si sentía la fuerza de su mirada. Esa misma fuerza fue la que me hizo sentir un escalofrío por toda la espalda, era la mismísima muerte que lo estaba observando todo, cuando el muchacho la miro tan solo chilló y se retorció en su propio interior y desapareció. El asesino, al ver esto volvió corriendo sobre sus pasos y salió huyendo despavorido. En ese momento el joven nos miro a mí y a mi padre y desapareció convirtiéndose en un águila y levanto su vuelo hacia lo alto, hacia las montañas. No entendí nada, me acerque a mi madre aún respiraba y me acurrucaba en sus brazos, con mi padre muerto sobre su espalda, solo quería hablarle.

- Madre, ¿eres tu?, ¡soy yo!  ¿Qué ha pasado?¿Por …

Me interrumpió llevándose el dedo a la boca para mandarme callar entonces su vida escapó, fue una luz en su mirada, un esbozo de sonrisa salio de sus labios a la vez que sus pulmones expulsaban el poco aire que aún retenían. Me incorporé y miré al fantasma de mi padre, porque era solo eso un impalpable fantasma, estaba rabioso, enfurecido, no habíamos hecho nada.

- ¿Por qué? ¿Para qué he tenido que verlo? – Las lagrimas me corrían por las mejillas.- ¿Para esto has venido? ¿Para que os vea morir? ¿No había bastante con que supiera que os habían matado a sangre fría? ¡Dios mío! ¿Por qué?
- ¿No has entendido nada?
- ¿Qué tengo que entender? ¿No me lo podíais explicar de otra manera? ¿tenia que ser así?
- Si, así es, porque así fue como ocurrió.
- ¿Y ya esta?
- ¿Qué más quieres?
- ¿El que…? Quiero…, quiero venganza. Quiero coger a ese hombre y atravesar su corazón con la espada mas envenenada y dolorosa que exista y verle sufrir antes de morir, al igual que el me ha hecho a mi, dejándome vivir y evitando que os conociera antes de mi mismísimo nacimiento.
- ¿No has entendido nada?
- ¿Entender? ¿El que? Fuisteis asesinados por un vil y cruel asesino, Por un… Por un sanguinario villano.
- Piensa en ello y sigue observando, la vida está llena de pequeños e insignificantes detalles que lo dicen todo. Mi tiempo por hoy se acaba, ya nos veremos.
- ¿Cómo? ¿te vas? ¿así? Pero si ahora solo tengo preguntas y odio y desconocimiento y …
- Todo a su tiempo, piensa en lo que has visto hoy, pues así fue como ocurrió y así es como hay que contarlo.
- No te puedes ir …
- Adiós, volveré

Su tono fue seco, intente seguirle pero cuando lo hice me desperté en la cama sudando y sin saber donde estaba ahora, solo la vi a ella junto a los pies de mi lecho. Era Orihada, estaba entre la hoguera y mi cama, semidesnuda, cubierta por un vestido casi transparente, marcaba todo su cuerpo, sus caderas, sus piernas esbeltas y sus fuertes pero delicados brazos, su melena recogida en un pequeño moño. Una pinza en el hombro sujetaba sus vestiduras, al verme despertar me dijo:

- Todo ha comenzado y ahora tendrás que empezar a entender. Pero todo a su tiempo.

Tras decir estas palabras, deslizo su mano lentamente desde su cintura hasta su hombro quitando lentamente la pinza que sujetaba su vestido dejándolo caer al suelo descubriendo sus pechos vírgenes y su delgado vientre y siguió descendiendo hasta descubrir sus piernas y caer al suelo dejando al descubierto todas sus vergüenzas, fue entonces cuando se introdujo en la alcoba bajo mis sabanas y se arrimó a mi juntando sus labios a los míos. Fue algo extraño, no sabría explicar como ocurrió pero experimentaba una agradable sensación. Bajo mis vestiduras sentí una fuerte erección y cuanto más me besaba más aumentaba esa sensación. Sus labios besaron los míos e instintivamente yo respondí y poco a poco yo fui abriendo los míos y al igual que ella jugaba con mi lengua en el interior de sus labios. Poco a poco mis manos se fueron desplazando por su espalda y sintiéndola fría y ardiente, suave y áspera a la vez. Todo mi cuerpo era un punto de excitación, mi entrepierna ardía, cuando ella cogió una de mis manos y la deslizó sobre su pecho fue una sensación única, todo lo que estaba sintiendo esa noche era nuevo, el sueño, el amor, el sexo,….

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jueves, 19 de marzo de 2015

FELIZ DÍA DEL PADRE

Solo un recuerdo abruma mi mente, una frase, un momento,... Aquel instante que de pequeñín mi padre me dijo: "Hijo, nunca sabrás lo que te quiero hasta el día que seas padre".

Sonreí por dentro, pensando para mi, "Mi padre no se imagina hasta que punto lo quiero." Vaya si lo sabía. Un día, quizás más pronto que tarde tuve la suerte de abrazar en mi pecho a un renacuajo de hombre que no llevaba en este mundo ni 2 minutos, yo no era su madre, yo no lo lleve nueve meses en mis entrañas, yo no pude amamantarlo,... yo no pude hacer tantas cosas. Pero si pude verlo crecer, oírle comenzar a hablar, desvelarme cuando no dormía, ver su rostro de felicidad cuando llegaba a casa, apagar su primera vela porque aun no sabía soplar, dar sus primeros pasos, reñirle cuando no hacia algo bien y luego hartarme de llorar porque pensaba que no estaba siendo un buen padre. Sentí un amor más grande que aquel que sentí por mi amado padre. No creo que halla palabras para expresar como un ser tan diminuto podía haber despertado sentimientos tan grandes en mi. Creía, iluso de mi, que yo sabía lo que era amar, cuan equivocado estaba. Solo me preocupaba una cosa que fuera listo, que estuviera sano y que fuera muy muy muy feliz del resto intentaría encargarme yo. Seguro que cometí mil y un errores, seguro que se enfado conmigo otras mil veces, pero no me gustaría dejar el mundo y que existiera una sola duda de lo que yo siento por mis hijos, así que por eso he escrito estas lineas, para solo decir hijos míos os quise, os quiero y os querré mientras el corazón que late en mi pecho me de fuerzas para seguir respirando y dar por hecho que como mi abuelo, este donde este, cuida de mi padre y mi padre que gracias a Dios aun cuida de mi, yo cuidaré de vosotros en esta vida y el día que parta desde la otra, quien me conoce sabe que no me gusta prometer cosas y ya una vez prometí algo que no estoy convencido de poder cumplir, pero moriré intentando cumplirla. 

Un día fui padre y gracias a Dios tengo dos hijos estupendos, he llorado, reído, corrido, jugado, enfadado, y otras mil cosas más con ellos pero nunca y repito nunca me arrepentí de ser padre. Tuve la suerte de entender la frase de mi padre "Hijo, nunca sabrás lo que te quiero hasta el día que seas padre" y hoy solo puedo decir: "Que razón tenias PAPA".

Solo quiero despedirme diciendo:"GRACIAS PADRE POR FORJAR MI CARÁCTER Y HACERME SER LO QUE SOY. HIJOS VUESTRO PADRE LO HA HECHO LO MEJOR QUE HA PODIDO."

miércoles, 4 de marzo de 2015

EL RENACER DE UN REY PARTE 2


Pues bien esa es la leyenda, hoy 18 años después de aquel día estoy solo en mitad del bosque buscando un árbol donde rendirme a la lucha de la vida y dejarme morir, no llegue a mi destino, la muerte me sobreviene y no sé enfrentarme a ella, esperando sus garras estoy y pensando que la vida no tiene sentido, luchar por un trozo de metal para saber quien manda. La leyenda sobre mi nacimiento se fue agrandando, unos dicen que llegaría en un caballo alado, otros que a lomos de un león de fuego, otros que el río endurecería sus aguas para que pudiera deslizarme sobre ellas desde la montaña de los Dioses y recoger la venganza que todos anhelaban. Pues no, estoy muriéndome solo con una daga clavada en el vientre y desangrándome como un cerdo que no aspira a otra cosa que no sea sino que se acabe ya este momento y que no sea demasiado doloroso, me había creído mi propio destino hasta tal punto que no creía que fuera ni difícil conseguir rehacer mi pueblo, tan escrito estaba que ni la muerte se atrevería a mirarme por la espalda, pues así fue, no me miro por la espalda fue de cara y una simple riña fue suficiente para enseñarme que el camino de mi muerte estaba tan cerca de mi que solo tenia que cambiar de sentido mi camino. 

Orihada me envolvió en los trapos que mi madre tenia en sus manos, trapos empapados en sangre y tizna. Pobre mujer, viéndose morir guardo sus pocos recursos y sus últimos alientos para entregármelos a mi, no saben como pudo sobrevivir y tenerme a mi, en su estado, pues estaba echada en el tótem con mi padre echado en sus espaldas, victima que fue del amor de su familia, murió protegiendo a su amada esposa y su futuro hijo, estaba cubriéndola con sus brazos y en su espalda tenia clavada la espada de Antor, Rey de los invasores. Su espada atravesaba el cuerpo de mi padre y había alcanzado mortalmente a mi madre que entre dolores y llantos, humos y desalientos, saco fuerza de donde no existía, dicen que las manos del Dios que me protegía salieron de la misma madre tierra para poder ayudarla a darme vida y una vez me vio pudo descansar y solo me pidió que me callara que no llorara. Dicen que los niños no pueden recordar esos momentos, pero yo no recuerdo nada más que la mano de mi madre, una mano fina y delgada, cubierta por el negro hollín y cubría sus lindos y carnosos labios pidiéndome silencio, una lagrima caía por sus mejillas mientras sus ojos se cristalizaban al dejar salir su vida a través de ellos, no los cerro, no me quiso dejar solo y se quedo mirándome para darme confianza, no recuerdo nada mas que un momento, una cara un gesto, supongo que no todo el mundo ve morir a su madre a la misma vez que viene a este mundo a nacer por la esperanza de un pueblo. Si, yo también a veces pienso que me lo he inventado, que ha sido un sueño, pero siempre ha sido la misma cara y el mismo gesto y cuando dudo Orihada me responde que solo los Dioses saben por que los hombres sabemos las cosas que sabemos sin tener intención de saberlas, que sus motivos son los que nos hacen plantearnos la vida tal y como la conocemos.

No hace falta decir que para mi Orihada fue una madre, una maestra, una líder, fue lo que todo niño necesita una madre, un padre, una protectora una amiga, una amante,… Fueron tiempos de espera y conocimiento, durante los cuales fui oyendo hablar de mi leyenda, de lo que la gente esperaba de mí, de mi resurgimiento, de mi necesidad de ser un formidable guerrero de ser un líder, de ser simplemente un Dios en la tierra.

Orihada tras recogerme de las cenizas de mi pueblo se limito a decir que algún día la resurrección de la tribu sería llevada a su termino por el nuevo Rey oculto en las sombras, que será digno de llevar el cetro para volver a ser el representante de los Dioses en la tierra y que entonces llegaría la justicia al valle. Tras decir esto se retiro al interior del bosque con aquel bebe en sus brazos cubierto por unos pocos trapos de las vestimentas desgarradas de su madre. 

El tiempo fue pasando y día tras día el niño que había nacido se convertía en un hombre que aprendía de la vida a defenderse, a sobrevivir y a luchar, el entrenamiento entre ella e Iatsko comenzó a la temprana edad de 3 años, era un juego, era simplemente luchar para poder jugar, no había otro juego que la lucha y el ejercicio físico, cuando no hacíamos eso se limitaba a enseñarme como conseguir comida para poder sobrevivir en caso de que algún día faltara ella de mi lado, cosa que según las estrellas no sucedería hasta el momento de mi partida. Una de las cosas que más me gustaba era en las calidas noches de verano tumbado en el refrescante suelo observando las estrellas. Orihada me contaba que la estrella más brillante en el cielo era el que fue mi padre que pretende iluminar mis pasos en esta vida para que sea capaz de hacer resurgir mi pueblo, decía que junto a él estaba una un poquito mas pequeña que era mi madre, un poquito más arriba estaba yo, era una estrellita pequeña pero muy brillante y junto a mi estaba la suya era un poquito mas grande pero menos brillante para hacerme resaltar a mi, ya que ella no debía de destacar, solo ayudarme a encontrar mi destino. Parece mentira pero tantas veces me pregunte porque no había mas niños, no tenia con quien jugar para ganarle en batallas, no sabia que eran los niños, me había criado solo junto a orihada y solo sabia lo que ella me había contado de la gente solo una vez conocí a una niña más joven que yo. Me llevo a verla al río desde la otra orilla encaramados a unas ramas, según Orihada tenía que conocerla antes de que cumpliera las 72 lunas, aproximadamente unos 6 años, ella sería la que me haría sentir deseo y fuerza, nunca entendí que quiso decir con aquello. La vi muy pocas veces, pero la primera vez fue una visión, era graciosa, jugueteaba con el agua como yo nunca lo había hecho, tenía el pelo largo y oscuro, ella y dos amigas suyas habían bajado al río para lavarse. El día soleado ayudaba a que Selene, así era como se llamaba la muchacha según me dijo Orihada, y sus amigas se entretuvieran en los juegos en el agua. Le pregunte a Orihada que porqué tenía que conocerla y su única respuesta fue la más habitual en ella: “Todo a su debido tiempo Iatsko, no seas impaciente.” Estuvimos un rato largo pero recuerdo solo un momento, una visión fugaz aquel recuerdo. Sentí mucha curiosidad por saber quien era, pero no le di mayor importancia en aquel momento, a estas palabras solamente agregó: “Además de sensaciones te ayudará a revivir cuando la muerte crea ganada vuestra batalla y quiera recoger su preciado trofeo, tu alma.”


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lunes, 2 de marzo de 2015

EL RENACER DE UN REY PARTE 1

Hay quien dice que mi estrella marcaba mi propia existencia de dolor y fuerza. Hijo del Rey Mussag de la tribu de los Ictacaa. Una tribu dedicada desde el principio de la caída de los Dioses a la guerra y defensa de su pueblo de tribus invasoras pero dedicada desde las 2 últimas generaciones de reyes al cultivo de las tierras cansados de manchar de sangre las manos de sus hijos, tras arduas negociaciones el rey Mangaar consiguió iniciar la conocida como época de la paz de las tribus del valle de los Dioses, fue un acuerdo firmado por todas las tribus colindantes de la tribu Ictacaa. Los masinos colindantes al norte separados por el río del llanto y los habitantes de las tribus de Zafio conocidos por sus costumbres de embalsamar a sus difuntos y adorarlos durante tres días y sus tres noches para asegurar su purificación del cuerpo antes de mandar su cuerpo río abajo para perderse a través de las profundidades del océano, mientras son escoltados por los vigilantes del jardín, que son aquellos que van escoltando el cuerpo de los difuntos río abajo para asegurar que llegan hacia el mar de la eternidad. Pues bien llegados a este punto creo que es recomendable dar mi nombre antes del que el aliento no me llegue a los labios, antes de partir hacia el mar de la eternidad y ser escoltado por los vigilantes del jardín, aunque dudo que con tres días de rezos y plegarias mi alma quede purificada para ser recibida por los Dioses, mi nombre,… mi nombre es Iatsko, rey de la nada y amante del profundo rencor que engendra odio y miseria.

Nacido casi en el mismo dolor de la muerte, nací en la matanza de mi tribu, hay quien dice que fue mi propia fuerza interior la que me ayudo a sobrevivir, según los supervivientes todo empezó una mañana fría del mes del resurgimiento, llamado así por ser el primero del nuevo año en el que todas las cosas comienzan a nacer y crecer. Todo parecía indicar que sería un día normal frió por la mañana y templado a la tarde, pero no fue así los Masinos habían elegido este día para poder recoger el cetro del valle, un cetro según el cual la tradición decía que el poseedor de este sería el juez supremo y representante de los Dioses en la tierra para aplicar su justicia, era obligación tenerlo en su poder el jefe de la tribu que lo conquistara hasta su muerte, momento en el que su sucesor tendría que defenderlo de los otros dos reyes rivales, en un combate de resistencia consistente en recorrer la distancia que separa las tribus entre si y pasar tres días en las montañas de los Dioses para posteriormente meterse en el mar de la eternidad y que serán sus aguas las que purifiquen los cuerpos de los reyes y ayudarán a aquel que tenga que llevar el cetro y fatigarán a sus contrincantes. Hay reyes que llegaron a morir por la avaricia del poder al desfallecerse del cansancio de sus pecados en el agua del mar. Un peso bastante grande para poder resistirlo en las aguas del saber eterno. Los masinos habían decidido que esto no era una forma licita de obtener el poder y decidieron tomarlo por la fuerza, el cetro estaba en poder de mi tribu desde que lo conquistara mi abuelo Gionfer, tras estar 3 días en el agua y su oponente el Rey masino Gonngor morir ahogado al no poder mantener la conciencia de sus pecados. 

Fue una autentica matanza, llegaron al pueblo cuando aún los animales dormían y fueron prendiendo fuego a todas las cabañas empezando por la del rey, mi padre, en la cual estaban durmiendo él y mi madre. Los habitantes no pudieron hacer nada más que huir una tribu dedicada a la agricultura para mantener a sus familias y criar a sus hijos fuertes y sanos y rezar a los Dioses y entregar sus ofrendas cada día más ricas y exuberantes. Fue una pasada de cuchillo, pocos pudieron huir, no se sabe mucho de lo que ocurrió pues de los que lo vieron no pudieron vivir para contarlo y los que huyeron no fueron capaces de parar y volver su vista atrás hasta que el humo y los lamentos no cesaron. No quiero ni imaginar el dolor de la vuelta de las personas que recogieron a sus hermanos, mujeres, niños,… La aldea no era sino un crepitar de cenizas un silencio sepulcral ahuyentaba el más mínimo hilo de esperanza de vida, cuando dicen, que antes de que el llanto se oyera, un niño señaló al exterior de la aldea, al tótem del Dios Pruen. Dios de la Fuerza y Sabiduría, protector de la aldea en momentos de necesidad, segundos después de que el niño pidiera silencio entre los pocos que habían vuelto con vida se oyó el llanto de un niño.

Orihada fue la que se presentó en ese momento en la aldea por el bosque que nacía justo detrás del Tótem. Orihada era la guerrera de los Dioses la protectora de su templo solo destinada a mantener la fiel enseñanza de la guerra a los reyes en la víspera de sus reinados para poder defender a su pueblo, al igual que yo hija de Reyes, pues fue la primera hija de su madre y su sustituta, era la mujer destinada a ser el día de mañana la madre de su propia sustituta y engendrada por su propio aprendiz de guerrero  para poder así transmitir todo el conocimiento del aprendiz y el maestro a su futura hija, la copula entre el rey y la guerrera debía de producirse en la tercera luna del 2 mes del nuevo año, para asegurar que la descendencia fuera femenina, pues solo ellas podían ser capaces de transmitir todo el conocimiento a sus Reyes e hijas y silenciarlo para siempre, por eso vivían retiradas en la montaña y bajaban al pueblo solo en las ocasiones especiales, y esta era una de ellas. Si los hijos fueran varones eran entregados a los Dioses Como vigilantes del Jardín. Una buena guerrera debía de dar una sola hija y 4 varones fuertes y robustos hijos del Rey y la guerrera, todos los que no cumplieran estos requisitos eran entregados al Mar para que volvieran a vigilar las puertas del Jardín en su propia entrada. Orihada se dirigió a los habitantes que allí se habían congregado expectantes y se inclino para recoger al bebe, estaba en brazos de Fandia, mujer del rey Mussag, es decir el vástago del rey había sobrevivido a la misma hecatombe de la muerte, y hay quien dice que fue protegido por el Dios Pruen y que enfrentándose a la mismísima muerte solo con su mirada le dio tal cantidad de vida y fuerza que ella misma se rindió ante él y se retiró posponiendo su momento. El Bebe estaba frío y al sentir el calor del pecho de Orihada se silencio y se acurrucó sobre su protectora. La señal no fue ignorada por los allí presentes, pues al levantar al niño, en su espalda tenia una quemadura que asemejaba al símbolo del Dios que lo había protegido, Pruen. Era una especie de águila extendiendo sus alas, de hay fue de donde nació la fuerza del ahora llamado Rocon. La lectura de aquello fue rápidamente vista por aquella que protege el secreto de los Dioses, el niño había nacido para vengar la muerte y poder así traer el cetro a la aldea que corresponde, no podía ser de otra manera, había vencido a la muerte en su reinado y el protector del pueblo le había concedido la oportunidad de acurrucarse en su pie para así poder protegerlo del invasor y de la capa de la muerte, por lo que tenía que acelerar su conocimiento del arte de la guerra para que ese momento llegara cuando tuviera que llegar pero sin apresurarse, pues hablábamos de que la propia muerte había decidido acabar con su pueblo y que fue gracias a él por lo que su pueblo no termino de desaparecer, pues sin Rey los supervivientes se tendrían que haber rendido al rey invasor y ser sus fieles devotos y admiradores. Pues así hicieron mientras Orihada se retiraba a las profundidades del bosque para enseñar su doctrina a su discípulo y hacerlo volver a rescatar a su pueblo cuando este estuviera listo, y hubiera dejado descendencia para sustituirlo en caso de no llevar a buen puerto su destino, pues aunque escrito está el destino de cada hombre, se encuentra en constante lucha contra muchas fuerzas para llevarlo hasta el final y si además hay un Dios, como el mismo Dios del abismo y la muerte, en su contra complica aun más el camino.
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