Humeaba el café en la taza de porcelana que el camarero había traído hacía breves instantes, mientras yo agitaba el azucarillo para endulzar un poco su amargo sabor. Un escalofrío recorrió mi espalda mientras rasgaba el borde superior del paquetillo de azúcar, el borde recién cortado formaba una pequeña bolilla de papel entre mis fríos dedos. Apunté con ella hacia el exterior de la terraza de la cafetería, cuando un pensamiento asaltó mi mente y pensé en la suciedad que siempre se ve en la calle y que gestos como el que yo estaba apunto de realizar contribuían en alguna medida a que esta se incrementara, lo deposité en el borde del plato del café y acerque mi mano al extremo superior de la taza, realizando un lento movimiento de la muñeca y dejo caer el contenido en el interior del café, a la vez que realizo pequeños círculos concentricos. Se forma una pequeña isla de azúcar encima de la espesa espuma que al café se le había formado en su parte superior al incorporarle la leche recién hervida, poco a poco esta pequeña isla adquiría el color marrón del café aumentando poco a poco su peso y recordándome la escena de aquella famosa película, Titanic.
Recogemos la plateada cucharilla del plato y la introducimos en el sobrecito de papel para quitarle los restos de cal, que deja el agua del lavavajillas al secarse, presionándolo con los dedos fuertemente mientras se me levantaba el pelo de la frente debido a la brisa gélida que se había levantado a esta temprana hora de la mañana.
Hundiendo la cuchara en el café y arrastrando con el gesto gran parte de la espuma que rodea el ojo que ha abierto el azúcar tras su hundimiento y los restos de esa dulce sustancia que aún quedaban en la superficie.
Comienzo a agitar el café girando lentamente la cuchara en el sentido de las agujas del reloj, mientras oteo en la distancia como algunos gorriones se acercan a los pequeños charcos que la lluvia de anoche dejo en los jardines de la ciudad. Habiendo dado fin al proceso de origen del nacimiento del remolino que se ha creado en el interior del café golpeo tres veces la cucharilla en el borde de la taza mientras la velocidad del remolino va disminuyendo para finalizar siendo un leve movimiento de un día calmado como el de hoy. Me dispongo a coger la taza por el asa dispuesta a tal fin, sintiendo como el calor del café se acercaba peligrosamente a la yema de mis dedos sin elevar la temperatura de estos más de lo normal.
Llegó el ansiado momento, respiro hondo, cierro lo ojos, acerco lentamente el borde de la taza a mis labios que aún se encuentran resecos por el frio, que los ha amoratado ligeramente en el paseo matinal que suelo tener muchos de los domingos de invierno. Siento el calor del humo que sigue desprendiendo el café desde el interior de la taza cuando la primera ola de la marea de café comienza a debilitar el frío de mis labios para posteriormente con un amargo dulzor cubrir completamente mi boca ansiosa de saborear el esperado cocktail de sabores y sensaciones que el café matutino de cada domingo suele despertar en mi.
Solo eso un café, pero puede ser una experiencia única. Espero que hayáis sentido el olor del café mientras leíais estas líneas y que lo hayáis disfrutado tanto como yo lo suelo disfrutar cuando lo tomo.
Si os gusto dadle a +1 y compartid el momento.
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