El tiempo transcurrió, yo fui creciendo y volviendo a ver a Selene en escasas ocasiones y desde la distancia. Fui aprendiendo en la vida pero sentía una gran sensación de vacío, faltaba algo. Rondaba los 16 años y simplemente conocía a Orihada y sus enseñanzas, fue cuando comencé a soñar y a tener curiosidad por cosas y cosas a las que no encontraba razón, que desconocía y pretendía saber, sin saber ni donde ni el que buscar.
Recuerdo aún el primer sueño, me levante sudando con el corazón en la boca sin saber que había ocurrido aunque más tarde Orihada me lo explicaría a su manera.
Estaba solo en un gran valle rodeado de árboles, con un gran lago enfrente, justo delante de aquellas altísimas montañas con ropa cubriendo mi cuerpo, pero con la sensación de estar desnudo. Allí solo con una gran sensación de vacío solo había una voz.
- Has crecido!
- ¿Quién es? ¿Donde estas? ¿Por qué no te veo?
- Eres un hombre, pero aún no te has dado cuenta de quién eres ¿Verdad?
- Deja que te vea ¿Dónde estás? No puedo hablar contigo si no te veo, no sé puede hablar con una voz.
La voz lo envolvía todo era profunda y seca pero a la vez cariñosa, usaba un tono amable y agradable.
- No tengas miedo no te va a ocurrir nada.
- No tengo miedo, no lo he tenido nunca mucho menos a una voz.
- Eres valiente.
A la misma vez que se oían estas palabras el sol empezaba a perderse por el abrupto horizonte y dejaba ver a una joven en pie en una barca cerca de la orilla del lago. Me acerqué a ella creyendo que era la persona con quien estaba hablando. Cuando llegue a la orilla ella perdió el equilibrio y cayó al agua, espere que nadara hasta la orilla pero para mi sorpresa no se movía, solo pataleaba y pedía ayuda, se estaba ahogando. Me olvide de la voz me zambullí en el agua, fue una sensación extraña estaba seco pero mojado, nadaba y nadaba y nadaba pero parecía no alcanzarla. Cuando me estaba acercando a la barca ella había dejado de moverse y se estaba hundiendo, me zambullí en el agua para intentar alcanzarla; juro que me hundí hasta que me faltaba el aire y tuve que volver a la superficie creía que se había ahogado y volví a zambullirme y seguí hasta lo mas hondo que pude. Cuando ya no tenía aire en los pulmones, cuando creí que la había perdido y que yo iba a desfallecer también me sorprendió esa imagen, era ella, era,…..
No podía ser ya estaba muerta, pero esa cara, creí que me faltaba el aire, no sabia que hacer ahora era ella la que se acercaba a mi, sonreía, estaba feliz. No entiendo porque no podía alcanzarla y estaba ahí junto a mí sonriendo y mirándome, era una mirada calida. Iba vestida de blanco una larga melena le caía por su pecho y extendía sus brazos hacia mi. Solo fui capaz de expresar una palabra y ella me respondió lo que yo quería oír.
- ¿Madre?
- Hijo!
Me confirmo que no había sido mi imaginación, recordaba esa cara, era la que tenía grabada en el recuerdo de mi nacimiento, aunque ahora estaba soñando.
Justo en ese momento se me nublo la vista y perdí la conciencia, cuando la recobre me encontré justo en la orilla del lago y el agua acariciaba mis pies. No había nadie, ni barca, ni madre, ni nada, solo otra vez esa voz que no era de ella y que retumbaba en mi cabeza.
- Valiente y de corazón noble
- ¿Quién es? ¡Maldita sea!
- Hace falta decírtelo. Aun te quedan cosas por aprender hijo mío.
- ¿Padre? ¿Eres tú?
Justo cuando formulé esa pregunta mire tras de mi y… ahí estaba era yo pero con 20 años más, era esa voz. Era corpulento, con una melena de pelo ondulado y músculos desarrollados, ancho de hombros y piernas fuertes como árboles. Era él quien hablaba, era mi padre.
- Veo que empiezas a comprender.
- ¿A comprender que?
- Todo a su tiempo hijo mío ¡Sígueme! – otra vez esa maldita explicación pero esta vez fue como una suave orden que acogí gustosamente, como si fuera algo que hubiera deseado siempre escuchar.
Todo el paisaje había cambiado, ya no estaba en el valle, me encontraba junto a un campo de batalla en el cual se había establecido combate no hacia mucho tiempo, pues aun seguían sonando el tronar de las espadas. El olor a humo, ese olor a muerte aún flotaba en el ambiente. Era,… no podía ser, era mi pueblo.
- ¿Qué ha ocurrido? ¿Es el pueblo?
- Si. –fue un si seco- es el día que tu naciste. Es tu pueblo.
- ¿A que hemos venido aquí?
- ¡Silencio, observa y aprende! Tienes que verlo para comprender.
El pueblo estaba arrasado solo había fuego y cenizas, cadáveres, a medio vestir, por todos lados, mujeres muertas con sus hijos aun muriéndose en sus brazos. Eran familiares, amigos, conocidos de mis padres. Sus asesinos aún estaban allí. Me sorprendí junto a la cabaña de mis padres allí estaba mi madre sentada en el suelo y aún embarazada de mi, pero el parto había comenzado, mi padre junto a ella luchaba para protegerla del agresor, un hombre también alto y corpulento. El combate retumbaba como si fueran los mismos Dioses los que luchaban como si fueran truenos cada vez que chocaban las espadas. Era el combate entre mi padre y su asesino.
Tras un buen rato de lucha mi padre tropezó y perdió el equilibrio cayo justo al lado de mi madre. Entonces su asesino se dirigió a ella, que estaba pariendo,… pariéndome a mí.
Intente detenerle pero mi padre me detuvo diciendo: “Ya ha ocurrido, solo podemos observar y aprender”
Justo cuando mi madre me acurruco entre sus brazos y me cubrió con sus ropas el hombre sonrió y se dispuso a matarme, justo al nacer. ¿Era por mí esa matanza? ¿Qué había hecho yo? ¿Por qué me tenía ese odio ese desconocido? Cuando se disponía a asestar el golpe definitivo mi padre se interpuso entre la espada y yo, y cubrió a mi madre con su cuerpo. Su asesino asestó el golpe y atravesó su corazón alcanzando también mortalmente a mi madre. Me salvo la vida lo mire y estaba impertérrito, como si ese no fuera el, acababa de morir por salvar a su hijo un bebe que moriría seguramente horas después. Solo se giro, me sonrió y me aprendió para que siguiera mirando la escena, cosa que en realidad no me apetecía. El sueño más feliz de mi vida se había convertido en la pesadilla más horrorosa que un niño, ¿o un hombre?, pudiera imaginar.
La risa del asesino fue ensordecedora, en ese momento observe a mi madre y a su asesino. Se disponía a sacar su espada de los cuerpos inertes de mis padres, cuando se disponía a hacerlo se acerco a él un… muchacho delgado con cabellos dorados y de piel oscura, oscura como el carbón mas negro. Y puso su mano sobre la espada. El asesino retrocedió ante la visión del niño y la sonrisa se borro de su sorprendido rostro, giro su mirada junto a mí, cuando observé que era lo que miraba. Había un espectador más justo a mi lado, era un hombre sin color de piel, su pelo daba la impresión de ser frágil en exceso, sus ojos eran todo menos eso, ojos, eran unos abismos negros como un pozo sin fondo, como si no estuvieran ahí, pero si sentía la fuerza de su mirada. Esa misma fuerza fue la que me hizo sentir un escalofrío por toda la espalda, era la mismísima muerte que lo estaba observando todo, cuando el muchacho la miro tan solo chilló y se retorció en su propio interior y desapareció. El asesino, al ver esto volvió corriendo sobre sus pasos y salió huyendo despavorido. En ese momento el joven nos miro a mí y a mi padre y desapareció convirtiéndose en un águila y levanto su vuelo hacia lo alto, hacia las montañas. No entendí nada, me acerque a mi madre aún respiraba y me acurrucaba en sus brazos, con mi padre muerto sobre su espalda, solo quería hablarle.
- Madre, ¿eres tu?, ¡soy yo! ¿Qué ha pasado?¿Por …
Me interrumpió llevándose el dedo a la boca para mandarme callar entonces su vida escapó, fue una luz en su mirada, un esbozo de sonrisa salio de sus labios a la vez que sus pulmones expulsaban el poco aire que aún retenían. Me incorporé y miré al fantasma de mi padre, porque era solo eso un impalpable fantasma, estaba rabioso, enfurecido, no habíamos hecho nada.
- ¿Por qué? ¿Para qué he tenido que verlo? – Las lagrimas me corrían por las mejillas.- ¿Para esto has venido? ¿Para que os vea morir? ¿No había bastante con que supiera que os habían matado a sangre fría? ¡Dios mío! ¿Por qué?
- ¿No has entendido nada?
- ¿Qué tengo que entender? ¿No me lo podíais explicar de otra manera? ¿tenia que ser así?
- Si, así es, porque así fue como ocurrió.
- ¿Y ya esta?
- ¿Qué más quieres?
- ¿El que…? Quiero…, quiero venganza. Quiero coger a ese hombre y atravesar su corazón con la espada mas envenenada y dolorosa que exista y verle sufrir antes de morir, al igual que el me ha hecho a mi, dejándome vivir y evitando que os conociera antes de mi mismísimo nacimiento.
- ¿No has entendido nada?
- ¿Entender? ¿El que? Fuisteis asesinados por un vil y cruel asesino, Por un… Por un sanguinario villano.
- Piensa en ello y sigue observando, la vida está llena de pequeños e insignificantes detalles que lo dicen todo. Mi tiempo por hoy se acaba, ya nos veremos.
- ¿Cómo? ¿te vas? ¿así? Pero si ahora solo tengo preguntas y odio y desconocimiento y …
- Todo a su tiempo, piensa en lo que has visto hoy, pues así fue como ocurrió y así es como hay que contarlo.
- No te puedes ir …
- Adiós, volveré
Su tono fue seco, intente seguirle pero cuando lo hice me desperté en la cama sudando y sin saber donde estaba ahora, solo la vi a ella junto a los pies de mi lecho. Era Orihada, estaba entre la hoguera y mi cama, semidesnuda, cubierta por un vestido casi transparente, marcaba todo su cuerpo, sus caderas, sus piernas esbeltas y sus fuertes pero delicados brazos, su melena recogida en un pequeño moño. Una pinza en el hombro sujetaba sus vestiduras, al verme despertar me dijo:
- Todo ha comenzado y ahora tendrás que empezar a entender. Pero todo a su tiempo.
Tras decir estas palabras, deslizo su mano lentamente desde su cintura hasta su hombro quitando lentamente la pinza que sujetaba su vestido dejándolo caer al suelo descubriendo sus pechos vírgenes y su delgado vientre y siguió descendiendo hasta descubrir sus piernas y caer al suelo dejando al descubierto todas sus vergüenzas, fue entonces cuando se introdujo en la alcoba bajo mis sabanas y se arrimó a mi juntando sus labios a los míos. Fue algo extraño, no sabría explicar como ocurrió pero experimentaba una agradable sensación. Bajo mis vestiduras sentí una fuerte erección y cuanto más me besaba más aumentaba esa sensación. Sus labios besaron los míos e instintivamente yo respondí y poco a poco yo fui abriendo los míos y al igual que ella jugaba con mi lengua en el interior de sus labios. Poco a poco mis manos se fueron desplazando por su espalda y sintiéndola fría y ardiente, suave y áspera a la vez. Todo mi cuerpo era un punto de excitación, mi entrepierna ardía, cuando ella cogió una de mis manos y la deslizó sobre su pecho fue una sensación única, todo lo que estaba sintiendo esa noche era nuevo, el sueño, el amor, el sexo,….
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