sábado, 23 de julio de 2016

EL RENACER DE UN REY (PARTE 11)

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Selene se ocultó tras la puerta, mientras yo preguntaba quien se encontraba al otro lado de esta, una voz desconocida de mujer me indicó que no tenía nada que temer que abriera y me explicaría el motivo de su visita. Asegurándome una vez más de que Selene no estaba visible, oculta en la penumbra de la habitación me dispuse a abrir la puerta con cierta cautela para cerciorarme que la mujer venía sola. Al comprobar que era así abrí la puerta y me encontré con una silueta esbelta que ocultaba su rostro tras una capucha, me pidió entrar e intente disuadirla diciéndole que no sería correcto que encontraran a una dama en mi habitación, a lo que ella respondió que no debía de preocuparme que la encontrarán a ella, que sería peor que hubieran visto entrar a Selene o la vieran salir luego de allí. Intente disimular preguntando quién era Selene, a lo que ella respondió quitándose la capucha que cubría su cara y gesticulando como si la estuviera tomando por tonta.

Selene ¿le has entregado ya el relicario? Pregunto sin ver aun a Selene. Pero que ocurría todo el mundo me estaba esperando, quien era esta joven mujer que sabía que Selene estaba en mi alcoba y sabía lo del relicario. Mi nombre es Skada, iatsko ¿Sabes dónde se encuentra Orihada? No dijo mucho más, sabía quién era yo, sabía que Selene estaba allí y conocía a Orihada. ¿Quién eres? pregunte.

Eso no importa, y mientras decía esto avanzo con paso firme hacia el interior de la habitación. Tras su seguro paso hacia el ventanal solo me quedo cerrar la puerta y observar como Selene hacia una especie de genuflexión, a la vez que saludaba a Skada con un saludo casi reverencial. Mi estupor no dejaba de crecer mientras crecía aún más mi curiosidad.

- Soy Skada, la hechicera del Rey Antor (Su simple nombre me produjo un escalofrío), pero no tenéis que preocuparos Iatsko, estoy aquí para preveniros. Mañana será un día importante. ¿Sabéis donde está Orihada?
-NO. (Respondí secamente sin saber si fiarme de ella o no.)
- Yo sí. Ha sido atrapada y el rey sabe que estas aquí. Mañana a primera hora las tropas del rey entrarán en el pueblo y la traerán a ella como prisionera, su petición será tu vida o la suya. Y la decisión será solo tuya. ¿Le has entregado el relicario Selene?
-Si ahora mismo, aún no lo ha abierto. (Dijo Selene con tímida y temblorosa voz desde el otro lado de la habitación.
-Dentro de ese relicario esta tu talismán Iatsko, con el tu pueblo te reconocerá, todo el mundo sabe cómo es pero nadie lo ha visto. Si mañana quieres empezar tu camino levántate temprano y huye. Si crees que puedes hacer algo por la vida de Orihada póntelo y el pueblo sabrá quién eres cuando te vea. Pero no te aseguro que te sigan, pues el miedo está muy arraigado en sus corazones.
- ¿Por qué? (pregunte como si ella supiera lo que quería saber, y así fue, lo supo)
- Yo soy su hermana, soy la hermana de Orihada y fui obligada a desposarme con el rey al no encontrarla a ella para asegurar su descendencia.

Mientras decía esto se giró hacia mí y pude ver ahora sí claramente su rostro, estaba desfigurada su rostro era precioso desde el perfil izquierdo pero completamente desfigurada por el otro lado.

Esto me lo hizo mi esposo, cuando comprobó que no podía darle ningún vástago, los Dioses me hicieron estéril, gracias a ellos y su eterna sabiduría. No es digno de ser llamado rey y mucho menos de que lo veneren. Su reino es el miedo, su alma esta corrupta y su ego es enorme.

Mañana comenzarás tu camino elijas lo que elijas, pero cuidado ya sabes quién le ayuda y está siempre cerca de él, los pactos que unen al rey con la muerte no son de este plano de existencia, son más poderosos aún. Ahora me marcho, Selene vente conmigo, Iatsko debe de descansar.

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sábado, 12 de marzo de 2016

EL RENACER DE UN REY (PARTE 10)

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Obedecí, la verdad que…, creo que por curiosidad. ¿Por qué se asombro tanto? ¿Cómo sabia lo qué tenía que buscar en mi espalda? ¿También eso lo decía mi famosa leyenda? Esa de la que tanto me hablo Orihada y de la cual me dijo: que tuviera cuidado pues su conocimiento me envenenaría y su veneno solo la fría hoja de una daga sacaría, y que del azar y del momento del comienzo dependería. Siempre me dijo que cuando llegara ese comienzo las mariposas me acompañarían. Nunca termine de entender que me estaba queriendo decir y cada vez que le preguntaba algo Orihada solo me respondía que algún día lo entendería. Salí con paso dubitativo de la taberna y comprendí que nunca podría ver las mariposas que Orihada me explicaba que por más que busque y busque nunca entendí, en la orilla del arroyo, entre los arboles del bosque, entre las flores vi mil mariposas mas no conseguí que ninguna mariposa me acompañara, todas se marchaban cuando las intentaba acariciar más si lograba atraparlas, parecían abandonar su mágico aleteo y se sumían en una pesada caída, más allí en la puerta de la taberna logre comprender donde estaban esas mariposas. Estaban en mi interior, era una sensación rara un sentir extraño en mi interior, un vibrar de emoción un corazón al galope en total calma, como si fueran sentimientos encontrados los que se afanaban por expresarse en mi interior. Más no comprendí porqué o como sucedió ese extraño revolotear.



Encaminé mis pasos hacia la posada, allí solicite una habitación y me acomodé en ella. El ocaso estaba llegando a su final, había estado toda la tarde en la taberna y la luna se comenzaba a alzar en el horizonte resplandeciente era la primera noche sin Orihada, ¿Dónde estaría? ¿Cómo estaría? Nunca me había preocupado de ella y desde esta mañana no podía dejar de pensar en ella. Los pensamientos brotaban en mi mente, las sensaciones eran muchas y el tiempo transcurrido era corto y además parecía tener más prisa que nunca, absorto en mis pensamientos observe que la luna había alcanzado una cota muy alta, de repente una sombra de sangre la inundó en toda su extensión, voces de auxilio inundaron la habitación el rojo de las llamas la invadió, una niña lloraba en el fondo de esta, las llamas la tenían cercada, ¿de dónde había salido? ¿Cómo se había iniciado aquel fuego? La puerta de la habitación se encontraba abierta, pero la niña atrapada por las lenguas de fuego no podía avanzar hacia la salida, su llanto era de tristeza y pavor. Sus mejillas sonrosadas se encontraban a punto de encenderse por sí solas debido al calor. Me abalancé sobre ella para intentar sacarla de aquel infierno, ella me miraba con ojos vacios, salte hacia ella mis manos se alargaban para cogerla y protegerla con mi cuerpo del calor, más cuando llegué a ni siquiera tocar su ropa caí al suelo, un suelo negro lleno de pavesas y tizne y allí no había nada, ni niña, ni fuego ni restos. ¿Dónde estaba ahora? Me incorporé y tras de mi había una mujer joven abrazada a una niña que yacía en sus brazos cubierta de tizne y sin ningún hálito de vida. El hombre frente a la mujer se dejo caer de rodillas delante de ella, cual saco de piedras clavándose como una estaca en el suelo y desprendiendo una polvareda a todo su alrededor, extendiendo sus manos recogió a la niña de brazos de la mujer y la alzo hacia el cielo, y solo se oyó una pregunta, cual desgarro del valle, como  si temblaran las montañas de la impotencia de aquel hombre, “¿Por qué?” el eco del grito retumbo más allá del confín del tiempo. Una fuerte lluvia empezó a caer del cielo como si el grito hubiera sido un trueno de tormenta y hubiera rajado el cielo cubierto de oscuras nubes.


Me preguntaba si la lluvia no podía haber llegado antes hubiera ayudado a sofocar el fuego y quizás no hubiera perecido la niña. Pero, ¿Quiénes eran? No los conocía. Nunca oí hablar de una niña que pereciera en un incendio, solo alcanzaba a ver su mano marcada en la palma con una quemadura como si hubiera querido agarrar algo hasta que no pudo más era lo único que la niña tenía quemado, era como si hubiera muerto asfixiada  antes de ser pasto de las llamas, seguía ensimismado en mis pensamientos y mis preguntas cuando de repente una voz me saco de mis cábalas. “¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloran papa y mama? ¿Quién es esa niña?” era la niña que junto a mi me hacía esas preguntas mientras dejaba deslizar su pequeña mano junto a la mía, para agarrarse a algo como si supiera que la respuesta a sus preguntas pudiera hacerla flaquear. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué sueño era aquel?


-    Niña no te asustes papa y mama están bien solo están un poco tristes.

-    ¿Y por qué? Si yo estoy bien.

-    Sí, pero ellos no lo saben.

-    ¿Y por qué?

-    Porque ellos no pueden verte como te veo yo. ¿Estás bien?

-    Estoy triste.

-    ¿Por qué?

-    Porque ellos están tristes y no quiero que lo estén.

-    Ellos están tristes pero se les pasará algún día.

-    ¿Seguro?


Una gran duda inundo mi corazón, como le podía asegurar a esa niña que sus padres se olvidarían de ella, sabía que eso no sería verdad nunca, ¿está bien mentirle a una niña? ¿A una niña muerta? Decidí cambiar de tema.


-    ¿Qué tenías en la mano que te hizo esa quemadura? Parecía que no te querías separar de ello.

-    Tenía un regalo

-    ¿De quién? o ¿para quién?

-    Era para alguien, me lo dio una amiga, pero no sé para quién era

-    ¿Qué amiga te lo dio?

-    No sé era una amiga nueva, me dijo que yo sabría a quién se lo tendría que dar cuando un viaje pareciera comenzar, que se lo daría y aplazaría ese viaje hasta otro momento. ¿si te lo doy podrás guardarlo tú hasta que ese alguien llegue?


Dijo esto mientras alargaba su otra mano hacia mí para entregarme aquel preciado regalo, era una llave, una llave metálica, según ella era la llave que guardaba un recuerdo no recordado. Y que esa persona tendría que tenerla para abrir el contenedor de su conocimiento. Dijo esto mientras yo la cogía de su pequeña mano y de repente, cuando quise mirarla a la cara, la niña simplemente grito y desapareció.


Un grito me volvió a meter en la escena que estaba observando antes apesadumbrado, el agua había acariciado a la niña en su rostro, su cuerpo, sus brazos y piernas y cual agua divina y reparadora, cual origen de la vida la niña comenzó a respirar y sus padres la abrazaron gritando su nombre “Selene, estas viva hija mía, gracias a los Dioses”  Y pensé que aquello sería un sueño pero la niña les contesto “si mama he estado con un gran hombre, pero estaba perdido y le di mi regalo y me dejo volver”


No salí de mi asombro cuando de nuevo el paisaje cambio volví a estar en el lago, donde soñé con mis padres y volví a oír esa voz:


-    Ves como no es tan fácil.

-    ¿El que no es fácil?

-    Explicarle a alguien que no conoce, lo que tú no sabes

-    Padre, no entiendo,…

-    Lo sé, no te puedo explicar lo que ocurrirá, pues no ha ocurrido y no sé lo que ocurrirá.

-    Esa niña ¿quién era?

-    Era Selene.

-    ¿La Selene que acabo de conocer?

-    Sí.


Mientras me decía esto se acercaba hacia mí, mi madre. Su mano se alargaba hacia mi rostro y simplemente me decía: “despierta Iatsko, abre los ojos, despiértate ya he llegado”


Como si saliera de un largo y reparador sueño, abrí los ojos y sobresaltado me encontré a Selene junto a mi despertándome del extraño sueño. Agarre su mano con fuerza, pues no me esperaba a nadie tan cerca y mucho menos a ella junto a mí. Al coger su mano con fuerza note una ligera aspereza en su mano y rápidamente la relacioné con el sueño que acababa de tener.


-    ¿Qué te pasó en la mano?

-    Joder, que despertar más brusco. Suéltame la mano y quizás te lo diga.

-    Si, si claro perdona es que no te esperaba.

-    Menos mal que te dije que vendría que no te durmieras. La mano fue una quemadura de pequeña, en un incendio en casa.

-    Estuviste en peligro.

-    No. Tuve a un amigo cerca que velo por mí. ¿Lo recuerdas?

-    ¿Qué si recuerdo el qué?

-    El incendio, tu estuviste allí conmigo, aunque mis padres digan que no. Te he reconocido cuando a la luz de la luna te vi dormir.

-    ¿Cómo fue?

-    Tú lo sabes, me quede muerta por el humo y te di un obsequio para evitar tener que comenzar el viaje, nunca olvidaría aquel momento, estabas perdido al igual que yo y me ayudaste a regresar.

-    ¿Yo? ¿Cómo?

-    Simplemente aceptando mi regalo, te estaré siempre agradecida. –Diciendo esto me saco un pequeño amuleto que llevaba colgado al cuello, una especie de relicario. Lo abrió y saco una llave que yo jamás había visto y eso que conmigo estaba ese relicario desde que yo lo recuerdo.- Te la devolveré, gracias por guardarla.

-    Entonces tu ¿Sabes quién soy yo?

-    Si, tú eres nuestro Rey, Iatsko, eres el libertador del pueblo, pero aún tienes cosas que aprender.

-    ¿Tú me tienes que enseñar?

-    Yo, que osadía mi señor, yo solo he sido la encargada de guardaros lo que me hicisteis llegar. Este relicario. – Y sacándoselo de entre las faldas me enseño un precioso relicario de madera, humilde pero finísimo de talla. Lo abrió con la llave y en su interior se encontraba.


De repente un fuerte golpe en la puerta me hizo cerrar el relicario y pedirle a Selene que se apartara y se escondiera, no era cuestión de que encontraran a una dama en mi alcoba.

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martes, 8 de marzo de 2016

EL AMOR PERDIDO Y ENCONTRADO

Y una vez pensé que había sido amado y amé,
más tras el amor herido pensé
que no había perdido
sino más bien aprendido
que no amé sin haber sentido.

Que mayor dolor habría sido pensar
que lo habría fingido
y no haber vivido
lo que yo he sentido.

Dolor de haber vivido un amor sentido
y no compartido aunque feliz he vivido
por ser lo que he sido,
títere en manos de cupido.


Amar lo que es amar no sé si amaré,
mas hoy soy amigo de mi hijo y
de mis libertad para volver a vivir
el amor que un día soñé y aunque atado al mundo,
soy libre de soñar y soñé que un día seré
amado como yo amé.


Y todo fue porque un día pensé que
había sido amado y amé.

Buscando en el baúl de los recuerdos encontre este pequeño recuerdo soñado o tal vez aquel sueño encontrando. Si te gusto comparte y dale al like y si tienes ganas puedes comentar que te parece. Gracias por leerme.

domingo, 6 de marzo de 2016

EL RENACER DE UN REY (PARTE 9)

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Termine de comer y apure el último sorbo de aquel delicioso vino de manzana. Parecía poca comida al principio pero el plato era hondo e iba cubierto de carne hasta casi rebozar por los lados y el pan de centeno mojado en aquella salsa un poco picante estaba delicioso. Apuré el último trozo de pan en los restos de la salsa, aquello tenía que ser comida de dioses y como así me vino lo pregunté.

-    ¿Señorita? ¿Tabernera?
-    Si, dígame ¿le falta algo?- Me dijo con cara sorprendida pues es como si no estuviera acostumbrada a algo de lo que yo había dicho, como si por cualquier motivo le hubiera llamado su atención.
-    Tendría un par de preguntas si usted fuera tan amable de respondérmelas.
-    Sí claro, pero abrevia si no te importa, que la gente se impacienta si no aligero.
-    Tras probar la comida me gustaría agradecer a la cocinera, si es posible, que haya preparado este jabalí tan delicioso, que haya dejado de atender a sus clientes para poder realizar tan suculento plato que no sabe a vulgar sino a deliciosa comida preparada para el mismísimo Dios Pruen. – La cara de Selene no era de sorpresa sino más bien de espanto.
-    Shhhhhs, Como osas hablar del prohibido (dijo bajando el tono de su voz).
-    ¿Del prohibido?- pregunte asombrado, creyendo que se refería a la cocinera- Disculpa no sabía que no se podía mentar en esta taberna a la cocinera. Reitero mis disculpas si te he ofendido a ti o a alguien  del lugar.
-    ¿La cocinera?... Tú… ¿De dónde eres? ¿No has venido por aquí en los últimos 15 años verdad?

Dijo mientras me agarraba por el brazo y me levantaba velozmente de la mesa y me llevaba hasta la cocina, intente resistirme pensando que me llevaría hasta esa temida cocinera, no tenía ganas de empezar una bronca si acababa de llegar al pueblo.

-    Espera aquí. –Se dirigió a un muchacho que estaba sentado frente a un caldero pelando patatas y echándolas en este. Le dijo algo al oído y se levantó, me miró y se puso un delantal para salir posteriormente hacia la taberna soltando una ligera sonrisa mientras pasaba por mi lado. Mientras lo miraba salir, Selene se dirigió a mí.
-    Tú estás loco, como se te ocurre hablar del Dios prohibido en un sitio donde puedan oírte.
-    ¿Prohibido? ¿El Dios Pruen….?
-    Shhhhhhhhh…… dijo mientras me tapaba la boca con su mano y miraba nerviosa a un lado y otro.

No sé, qué empezó a contarme sobre que no se podía hablar del Dios Pruen, que estaba totalmente prohibido con penas de hasta la muerte. Que si de donde venia, que si no tenia apego por la vida, que si por aquí que si por allí… no sé solo podía detenerme en la tersura de sus manos acariciando mis labios, la profundidad de su mirada que derramaba esa sensación de preocupación, amabilidad, cariño y quizás algo de sorpresa.

-    ¿Me estás escuchando? ¿Estás entendiendo lo que te estoy diciendo?
-    Eh,… si, si claro.- Me costó trabajo responder pues había dejado de escuchar lo que decía, hacía un rato.
-    ¿De dónde eres? ¿Qué haces aquí? Bueno primero de todo ¿Cómo te llamas?
-    Mi nombre es Iatsko, -su cara demostró signo de sorpresa, pero de esas sorpresas que son esperadas e inesperadas al mismo tiempo.
-    Si, y tienes 16 años, y naciste en la tribu Ictacaa.
-    Si! ¿Cómo lo sabes? –Di dos pasos a un lado separándome de ella- ¿No serás una hechicera?- le dije.

La cara de Selene se tradujo en estupor y se dirigió a cerrar una cortina que separaba la cocina de la despensa en la que estábamos hablando. ¿Qué era lo que había dicho? ¿Por qué era tan raro mi nombre para crear esa sorpresa en ella? Empezó a levantarme la camisa, intente resistirme, pero la verdad es que era guapísima y parecía tan desesperada. Cuando de repente me dijo “no te ilusiones no estoy buscando eso”; más sorprendido me quede, entonces ¿Qué buscaba tan decidida? Sus movimientos fueron rápidos y firmes, me puso desnudo de cintura para arriba y me puso de cara a la pared. Me acorde de los castigos de orihada cuando no pensaba lo que hacía me ponía cara a la pared para qué pensará en lo que tenía que hacer la próxima vez antes de actuar y de esa manera decía ella que no me despistaba con las moscas de mi alrededor y así era capaz de concentrarme en mis pensamientos. Mientras estos recuerdos me afloraban en la mente, sentí como se retiraba de mi, deje de sentir sus manos y girándome mientras me recomponía la ropa la mire y estaba con los ojos desencajados las manos ocultaban la oquedad de su boca y su palabras solamente eran: “No puede ser…, eres tú…, tienes la señal” supongo que se refirió a la marca que dicen que me grabó el Dios Pruen en la espalda. 

-    Si claro el mismo de antes, solo ha cambiado mi nombre, antes no lo sabías y ahora sabes que mi nombre es Iatsko, ¿tan difícil es de memorizar Selene?
-    ¿Cómo sabes mi nombre? ¿por qué has venido a buscarme? ¿Dónde está tu bruja?
-    ¿Mi bruja? ¿Venir a buscarte? Espera, espera ¿Qué está ocurriendo aquí? Yo no he venido a buscarte he entrado a comer y ha sido una casualidad que tú fueras la tabernera, yo no sabía dónde encontrarte, si sabia quien eras, eso no lo niego, pues desde pequeño Orihada me dijo quien eras, pero siempre desde la lejanía te observaba en el Río.
-    ¿En el Río? ¿Cuándo lavaba la ropa?
-    Cuando lavabas la ropa, cuando nadabas, cuando te lavabas,… pero siempre en el Río
-    ¿Cuando me lavaba? – Dijo ella mientras se sonrojaba y se alejaba un poco más de mi.
-    Sí, pero nunca de cerca, siempre en la distancia.
-    Tenemos que hablar, yo no puedo estar más tiempo sin atender el salón. Busca una habitación en el hostal que hay junto a la taberna, yo iré a verte, llegaré tarde pero espera despierto.

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miércoles, 2 de marzo de 2016

EL RENACER DE UN REY (PARTE 8)

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La mañana empezaba a despuntar mientras Iatsko se encontraba lleno solo con mirar la mesa llena de comida, siempre Orihada se había mostrado muy crítica con el poner comida en la mesa si luego no se iba a aprovechar. Recuerdo ahora con ilusión y añoranza como me regaño aquella vez que traje frutos de un manzano y cerca de una docena de gallos de un huerto cercano, recuerdo aún sus palabras:



“- Iatsko, ¿te vas a comer eso tu solo hoy?

-      Claro que no pero así tendremos para más tiempo. Y no tendremos que salir a buscar todos los días.

-      No funciona así Iatsko, esto no funciona así. Hay una norma que todos deberíamos cumplir para que todo funcione mejor. Todo lo que tenemos es todo aquello que necesitamos. Estas gallinas probablemente pasado mañana estén pudriéndose por dentro. Y ya no te las podrás comer y no le servirán a nadie y abras segado una vida para nada; (me decía esto y me entristecía pensar que había matado a aquellos animales para nada); la vida es el mayor regalo que los Dioses nos han dado tanto animales como plantas son frutos de sus esfuerzos para que todos aquí vivamos día a día. No hace falta querer acaparar más de lo que podamos, pues cuando lo que tenemos este llegando a su fin los dioses proveerán.

-     

-      …”



Recuerdo esos momentos como si hubieran pasado ayer mismo. Momentos felices son los que ahora hierven en mis recuerdos, no soy capaz de tener un solo mal recuerdo de mi vida con Orihada. Bueno la verdad es que no puedo tener un solo recuerdo sin Orihada en mi vida. Pero algo ha nacido en mí o mejor dicho algo ha despertado en mí. Mis ojos no la miran igual tengo imágenes en mi cabeza de ella desnuda en  mi cama y sus piernas envolviendo mi cintura, pero no,… no es eso lo que quiero recordar ahora, ¿Por qué no soy dueño de mis pensamientos? ¿Qué ocurre? La veo marchar en la distancia y no soy capaz de ir a detenerla. Los pasos de su camino avanzan cual reloj de arena arroja sus granos hacia el pozo sin fondo de la caída del tiempo. Me gustaría detenerlo pero en una ocasión ella me enseño que el tiempo esta porque el hombre necesita que esté, ¿Por qué los buenos ratos pasan volando y los malos se hacen eternos? ¿Por qué los Dioses hacen que el tiempo ande a voluntad de sus decisiones y corra y camine y pare a descansar cuando a ellos les venga en gana?

El paso de Orihada se detuvo, no podría describir la imagen de una Diosa en la tierra si no la hubiera visto a ella en aquel risco. El sol la iluminaba no sé si era la brisa meciendo sus cabellos o quizás esa luz dorada del amanecer iluminando su silueta o ese blanco marfil de su sonrisa que embelesaba en la lejanía, o ese frágil movimiento de su mano diciéndome adiós o su mirada llena de sabiduría y condescendencia, o quizás solo porque era Orihada. Mi madre, mi amiga, mi hermana, mi profesora y también ahora creo que mi amada. Será esto lo que ella me definió como “amor” o quizás sea lo que ella me describió como “obsesión” o quizás sea solo miedo a enfrentarme a estar yo solo. Es la primera vez que Orihada se marchaba sin decirme cuando volvería, muchas veces ella marcho pero diciéndome que volvería cuando tuviera que volver y nunca llego a tardar más de una luna. Pero hoy simplemente se va.



Los pensamientos fueron pasando y pasando por mi mente, recuerdos, emociones y situaciones que me hacían recordar mucho más a la reciente partida Orihada, los granos del tiempo comenzaron a transcurrir tan rápidamente que cuando los rayos del sol se posaron sobre mi espalda ya quemaban. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No sé, simplemente recogí todo lo que tenía, que no eran precisamente grandes tesoros, incluida la espada de mi padre aquella con la que defendió mi vida y la de mi madre hasta que perdió la suya, algunas monedas y algo de comida. Pensando que hacer o hacia dónde dirigir mis pasos. Quizás termine entendiendo el camino, pero para entenderlo probablemente tendré que intentar con comenzar a andar.



El sol ya estaba en la cima de su reinado cuando comencé a andar, el camino se iba abriendo conforme mis pies iban pisando el suelo. Supongo que mi subconsciente me iba dirigiendo hacia la única persona que conocía, además de Orihada, cuando me sorprendí llegando al pueblo de Selene. Me detuve en las puertas de la aldea, era una aldea chiquita pero con una pequeña muralla que la rodeaba para protegerse de algún ataque, pero contando con que el ataque fuera de pocos efectivos pues no serviría de nada ante un gran ataque. El pueblo estaba lleno de actividad había carros que iban y venían hacia todas partes unos salían otros entraban, la gente iba cargada con cestas, todos me miraban como si fuera uno más pero sin pararse a preguntarme quien era como si estuvieran acostumbrados a ver forasteros en su aldea. Me sumergí en el bullicio y no paré de tropezar con gente era extremadamente agobiante tanta gente a cada paso que dabas. Todo era empujones, voces, gente vendiendo, se me acercó un niño ofreciéndome comprarle fruta, le pregunte que cuantos años tenía y su respuesta fue que eso daba igual que si quería comprar fruta tendría que ser de la suya pues era la mejor del mercado, no creo que tuviera más de 6 años. Mis pasos se dirigieron cada vez más deprisa, hacia ningún sitio que yo supiera, era como si la prisa de la gente fuera contagiosa. Me sentía como cuando llegaba tarde a la cena, cosa que no le gustaba nada a Orihada pues se preocupaba si no estaba en casa cuando el sol se ponía, y no tenía intención de llegar a ningún sitio. Me vi casi en las puertas de una taberna, decidí entrar pues pensé que estaría más tranquila, cuan equivocado estaba el bullicio allí era más abrumador risas, golpes, voces, una temperatura bastante elevada y una sombría oscuridad lo cubría todo, solo se veía, medianamente bien, cerca de los candiles de aceite.



Me senté en una mesa vacía, llena de cubiertos y platos sucios. Estuve esperando a que alguien me preguntara si quería algo, según las historias que Orihada me había contado eso funcionaba más o menos así, te venia a servir el tabernero y tu le pedias lo que querías y al final había que pagarle con algunas monedas. Poco a poco la gente iba comiendo, bebiendo algo de unas jarras de madera, algunos dormían encima de las mesas otros se iban tambaleando desde la mesa hasta el exterior. Otros se peleaban entre si teniendo que ser separados por otras personas que estaban allí. La verdad que el tiempo allí pareció detenerse. Cuanta gente iba allí a comer y beber, casi todo eran hombres quizás la única mujer que había era una que iba saltando de mesa en mesa de brazos de un hombre en brazos de otro. Poco a poco la taberna se fue quedando casi vacía y yo comenzaba a tener hambre pero a mí no se me acerco ningún tabernero a preguntarme que quería, o si lo había hecho yo no me había dado cuenta a lo mejor con el bullicio, si el hombre habló bajito quizás no me enteré. Miré debajo de la mesa, porque en una ocasión Orihada me contó que había hombres que no subían más de una mesa de altura del suelo, los llamaban enanos, pero yo no vi a nadie, mire de un lado a otro pero no logre encontrar a nadie allí debajo. Cuando me incorporé sobre mi silla de pronto hoy una voz diciéndome:



-      ¿Ha encontrado usted lo que andaba buscando?

-      (Sorprendido, respondí) Pues la verdad es que no, no lo he encontrado, pero es que no sé si realmente estaba ahí.

-      (Con una cara un pelín sorprendida me volvió a preguntar) ¿Qué es lo que estaba buscando?

-      Al tabernero. Miraba a ver si se había escondido debajo de la mesa.

-      ¿Cómo…? (Dijo la mujer soltando una grácil risa.)



Reconocería esa sonrisa hasta en las puertas del infierno, mi rostro tuvo que reflejar el calor de las lámparas de aceite pues sentí como las mejillas comenzaban de repente a parecer ascuas de un brasero ardiendo. Comencé a sudar, sentí algo extraño al ver que se reía de lo que yo había dicho. Era Selene. Esa sonrisa, esa melena, esos ojos no los olvidaría desde que la vi aquella vez en el rio.



-      ¿Va usted a tomar algo o piensa seguir buscando al tabernero debajo de la mesa?

-      No claro, seguiré esperando a que venga.

-      Veamos caballero, el tabernero no va a venir.

-      Y eso ¿por qué? ¿está enfermo?

-      Ja, ja, ja,… está usted de broma venga hombre que no tengo tiempo para perderlo aquí todo el día, la tabernera soy yo.

-      No, claro,… (respondí)…póngame algo de beber y de comer.

-      ¿Qué es lo que quiere?

-      No sé,… sugiérame usted algo.

-      ¿Le apetece una copa de vino de manzana y una ración de carne de jabalí a la brasa?

-      Por mi perfecto. Gracias ¿Cuánto es?

-      ¿Cómo…? Espere a comerse la comida y luego le traigo la cuenta.

-      A vale perfecto.



Selene se fue de la mesa mirando de vez en cuando para mí con cara extraña. Creo a mi parecer que he hecho el ridículo hablando con ella. Claro como no se me ocurrió pensar que ella podía ser la tabernera. Poco después me acercó la copa y el plato con la comida y un gran trozo de pan de centeno. Empecé a comer y la comida estaba muy buena y el vino estaba excesivamente fuerte no había bebido vino nunca pero te dejaba un sabor muy bueno en el paladar. 



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