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Obedecí, la verdad que…, creo que por curiosidad. ¿Por qué se asombro tanto? ¿Cómo sabia lo qué tenía que buscar en mi espalda? ¿También eso lo decía mi famosa leyenda? Esa de la que tanto me hablo Orihada y de la cual me dijo: que tuviera cuidado pues su conocimiento me envenenaría y su veneno solo la fría hoja de una daga sacaría, y que del azar y del momento del comienzo dependería. Siempre me dijo que cuando llegara ese comienzo las mariposas me acompañarían. Nunca termine de entender que me estaba queriendo decir y cada vez que le preguntaba algo Orihada solo me respondía que algún día lo entendería. Salí con paso dubitativo de la taberna y comprendí que nunca podría ver las mariposas que Orihada me explicaba que por más que busque y busque nunca entendí, en la orilla del arroyo, entre los arboles del bosque, entre las flores vi mil mariposas mas no conseguí que ninguna mariposa me acompañara, todas se marchaban cuando las intentaba acariciar más si lograba atraparlas, parecían abandonar su mágico aleteo y se sumían en una pesada caída, más allí en la puerta de la taberna logre comprender donde estaban esas mariposas. Estaban en mi interior, era una sensación rara un sentir extraño en mi interior, un vibrar de emoción un corazón al galope en total calma, como si fueran sentimientos encontrados los que se afanaban por expresarse en mi interior. Más no comprendí porqué o como sucedió ese extraño revolotear.
Encaminé mis pasos hacia la posada, allí solicite una habitación y me acomodé en ella. El ocaso estaba llegando a su final, había estado toda la tarde en la taberna y la luna se comenzaba a alzar en el horizonte resplandeciente era la primera noche sin Orihada, ¿Dónde estaría? ¿Cómo estaría? Nunca me había preocupado de ella y desde esta mañana no podía dejar de pensar en ella. Los pensamientos brotaban en mi mente, las sensaciones eran muchas y el tiempo transcurrido era corto y además parecía tener más prisa que nunca, absorto en mis pensamientos observe que la luna había alcanzado una cota muy alta, de repente una sombra de sangre la inundó en toda su extensión, voces de auxilio inundaron la habitación el rojo de las llamas la invadió, una niña lloraba en el fondo de esta, las llamas la tenían cercada, ¿de dónde había salido? ¿Cómo se había iniciado aquel fuego? La puerta de la habitación se encontraba abierta, pero la niña atrapada por las lenguas de fuego no podía avanzar hacia la salida, su llanto era de tristeza y pavor. Sus mejillas sonrosadas se encontraban a punto de encenderse por sí solas debido al calor. Me abalancé sobre ella para intentar sacarla de aquel infierno, ella me miraba con ojos vacios, salte hacia ella mis manos se alargaban para cogerla y protegerla con mi cuerpo del calor, más cuando llegué a ni siquiera tocar su ropa caí al suelo, un suelo negro lleno de pavesas y tizne y allí no había nada, ni niña, ni fuego ni restos. ¿Dónde estaba ahora? Me incorporé y tras de mi había una mujer joven abrazada a una niña que yacía en sus brazos cubierta de tizne y sin ningún hálito de vida. El hombre frente a la mujer se dejo caer de rodillas delante de ella, cual saco de piedras clavándose como una estaca en el suelo y desprendiendo una polvareda a todo su alrededor, extendiendo sus manos recogió a la niña de brazos de la mujer y la alzo hacia el cielo, y solo se oyó una pregunta, cual desgarro del valle, como si temblaran las montañas de la impotencia de aquel hombre, “¿Por qué?” el eco del grito retumbo más allá del confín del tiempo. Una fuerte lluvia empezó a caer del cielo como si el grito hubiera sido un trueno de tormenta y hubiera rajado el cielo cubierto de oscuras nubes.
Me preguntaba si la lluvia no podía haber llegado antes hubiera ayudado a sofocar el fuego y quizás no hubiera perecido la niña. Pero, ¿Quiénes eran? No los conocía. Nunca oí hablar de una niña que pereciera en un incendio, solo alcanzaba a ver su mano marcada en la palma con una quemadura como si hubiera querido agarrar algo hasta que no pudo más era lo único que la niña tenía quemado, era como si hubiera muerto asfixiada antes de ser pasto de las llamas, seguía ensimismado en mis pensamientos y mis preguntas cuando de repente una voz me saco de mis cábalas. “¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloran papa y mama? ¿Quién es esa niña?” era la niña que junto a mi me hacía esas preguntas mientras dejaba deslizar su pequeña mano junto a la mía, para agarrarse a algo como si supiera que la respuesta a sus preguntas pudiera hacerla flaquear. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué sueño era aquel?
- Niña no te asustes papa y mama están bien solo están un poco tristes.
- ¿Y por qué? Si yo estoy bien.
- Sí, pero ellos no lo saben.
- ¿Y por qué?
- Porque ellos no pueden verte como te veo yo. ¿Estás bien?
- Estoy triste.
- ¿Por qué?
- Porque ellos están tristes y no quiero que lo estén.
- Ellos están tristes pero se les pasará algún día.
- ¿Seguro?
Una gran duda inundo mi corazón, como le podía asegurar a esa niña que sus padres se olvidarían de ella, sabía que eso no sería verdad nunca, ¿está bien mentirle a una niña? ¿A una niña muerta? Decidí cambiar de tema.
- ¿Qué tenías en la mano que te hizo esa quemadura? Parecía que no te querías separar de ello.
- Tenía un regalo
- ¿De quién? o ¿para quién?
- Era para alguien, me lo dio una amiga, pero no sé para quién era
- ¿Qué amiga te lo dio?
- No sé era una amiga nueva, me dijo que yo sabría a quién se lo tendría que dar cuando un viaje pareciera comenzar, que se lo daría y aplazaría ese viaje hasta otro momento. ¿si te lo doy podrás guardarlo tú hasta que ese alguien llegue?
Dijo esto mientras alargaba su otra mano hacia mí para entregarme aquel preciado regalo, era una llave, una llave metálica, según ella era la llave que guardaba un recuerdo no recordado. Y que esa persona tendría que tenerla para abrir el contenedor de su conocimiento. Dijo esto mientras yo la cogía de su pequeña mano y de repente, cuando quise mirarla a la cara, la niña simplemente grito y desapareció.
Un grito me volvió a meter en la escena que estaba observando antes apesadumbrado, el agua había acariciado a la niña en su rostro, su cuerpo, sus brazos y piernas y cual agua divina y reparadora, cual origen de la vida la niña comenzó a respirar y sus padres la abrazaron gritando su nombre “Selene, estas viva hija mía, gracias a los Dioses” Y pensé que aquello sería un sueño pero la niña les contesto “si mama he estado con un gran hombre, pero estaba perdido y le di mi regalo y me dejo volver”
No salí de mi asombro cuando de nuevo el paisaje cambio volví a estar en el lago, donde soñé con mis padres y volví a oír esa voz:
- Ves como no es tan fácil.
- ¿El que no es fácil?
- Explicarle a alguien que no conoce, lo que tú no sabes
- Padre, no entiendo,…
- Lo sé, no te puedo explicar lo que ocurrirá, pues no ha ocurrido y no sé lo que ocurrirá.
- Esa niña ¿quién era?
- Era Selene.
- ¿La Selene que acabo de conocer?
- Sí.
Mientras me decía esto se acercaba hacia mí, mi madre. Su mano se alargaba hacia mi rostro y simplemente me decía: “despierta Iatsko, abre los ojos, despiértate ya he llegado”
Como si saliera de un largo y reparador sueño, abrí los ojos y sobresaltado me encontré a Selene junto a mi despertándome del extraño sueño. Agarre su mano con fuerza, pues no me esperaba a nadie tan cerca y mucho menos a ella junto a mí. Al coger su mano con fuerza note una ligera aspereza en su mano y rápidamente la relacioné con el sueño que acababa de tener.
- ¿Qué te pasó en la mano?
- Joder, que despertar más brusco. Suéltame la mano y quizás te lo diga.
- Si, si claro perdona es que no te esperaba.
- Menos mal que te dije que vendría que no te durmieras. La mano fue una quemadura de pequeña, en un incendio en casa.
- Estuviste en peligro.
- No. Tuve a un amigo cerca que velo por mí. ¿Lo recuerdas?
- ¿Qué si recuerdo el qué?
- El incendio, tu estuviste allí conmigo, aunque mis padres digan que no. Te he reconocido cuando a la luz de la luna te vi dormir.
- ¿Cómo fue?
- Tú lo sabes, me quede muerta por el humo y te di un obsequio para evitar tener que comenzar el viaje, nunca olvidaría aquel momento, estabas perdido al igual que yo y me ayudaste a regresar.
- ¿Yo? ¿Cómo?
- Simplemente aceptando mi regalo, te estaré siempre agradecida. –Diciendo esto me saco un pequeño amuleto que llevaba colgado al cuello, una especie de relicario. Lo abrió y saco una llave que yo jamás había visto y eso que conmigo estaba ese relicario desde que yo lo recuerdo.- Te la devolveré, gracias por guardarla.
- Entonces tu ¿Sabes quién soy yo?
- Si, tú eres nuestro Rey, Iatsko, eres el libertador del pueblo, pero aún tienes cosas que aprender.
- ¿Tú me tienes que enseñar?
- Yo, que osadía mi señor, yo solo he sido la encargada de guardaros lo que me hicisteis llegar. Este relicario. – Y sacándoselo de entre las faldas me enseño un precioso relicario de madera, humilde pero finísimo de talla. Lo abrió con la llave y en su interior se encontraba.
De repente un fuerte golpe en la puerta me hizo cerrar el relicario y pedirle a Selene que se apartara y se escondiera, no era cuestión de que encontraran a una dama en mi alcoba.
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