martes, 12 de mayo de 2015

ENCUENTRO CON MI MUSA

Nacía la noche en sus primeros albores, la estación del año se intuía por las ventanas abiertas, las altas temperaturas a estas horas de la noche, hacían que pudieras estar sentado frente al ordenador desnudo de cintura para arriba. El sudor refrescaba mi frente mientras mi espalda, sudorosa, se adhería al respaldo de la silla.
Un cigarro, recién encendido, comenzaba a consumirse apoyado en el cenicero, dejando ver una delgada columna de humo que, poco a poco, se expandía por la habitación. Mis manos, dispuestas en el teclado, intentaban comenzar a escribir aquellas palabras que no lograba crear en mi mente. El vaso que calmaba mi sed, tenía aun restos del iceberg que enfriaba mi venerado whisky, que tenía la virtud de refrescarme la garganta y mantener el lóbulo de mi oreja derecha algo más caliente que la habitación.
No sé que ocurría, pero llevaba varios días sin sentir el momento de poder expresar un sentimiento o una visión con aquellas palabras que me motivaban a escribir. Siempre había oído que aquellos que escribimos, vamos acompañados de una musa que inspiraba nuestros pensamientos. ¿Se habría enfadado conmigo? ¿Podría haberla ofendido? ¿Por qué no me visitaba...? Varias dudas asaltaban mi mente... ¿Sería un simple mito?, ¿o quizás yo le achacaba mi falta de concentración a la supuesta musa?
La puerta entreabierta del dormitorio comenzó a abrirse lentamente y una figura se deslizo lentamente dentro de la habitación, sus ojos me miraban firmemente como pidiendo permiso para entrar. Asentí con la cabeza y ella comenzó la lenta procesión hasta estar lo suficiente cerca mía como para regalarme su delicada voz aterciopelada.
- No quería desconcentrarte, me voy a la cama. No trabajes hasta muy tarde, pareces cansado, mañana será otro día.
- No te preocupes, me iré pronto a la cama, además esta calor me está matando.
Un refrescante beso en mis labios levantó ardientes pasiones en mi mente mientras la veía retirarse de la habitación con esa perfecta silueta cual Venus renacida. Mi mente voló por un momento hacia la cama. Apuré de un trago el poco liquido que aún quedaba en mi vaso para poder así refrescar el ardor que en mi cuerpo se había generado. Su cuerpo yacía en la cama, descubiertas sus vergüenzas debido a la sofocante calor de la noche, clavando una rodilla en la cama y dejándome caer levemente sobre ella, sin rozarla, para solo sentir el frío calor de sus labios dándole un prolongado beso y con ello notar como ella me respondía abrazando mi cuello y forzándome lentamente a compartir el lecho con ella. Ahora sí, su cuerpo desnudo y el mío en proceso, se rozaron levemente, generando así una gran excitación en nuestras mentes que hacía que nuestros besos fueran cada vez mas feroces, nuestros movimientos más bruscos y poder acabar ambos desnudos en la cama, sin haber tenido tiempo casi para saber como había ocurrido. Las sabanas se entrelazaban con nuestros pies, que luchaban para poder adquirir un buen punto de apoyo. El momento se acercaba y aún soy capaz de sentir como mi masculinidad invadía su intimidad a la vez que ella mordía levemente mi labio inferior susurrándome en el oído: "Te amo". Poco a poco, nuestros cuerpos acompasaban sus movimientos mientras nuestras manos abrazaban, rozaban, agarraban, soltaban, acariciaban una y otra vez todos y cada uno de los extremos de nuestros cuerpos. Acompasadas nuestras embestidas cuales bestias de campo, sentí como su espalda se curvaba a la vez que un leve gemido salía de sus semicerrados labios, para llevar instantes después nuestros cuerpos al clímax del placer. Nuestras aceleradas respiraciones nos hacían casi marearnos al sentir el corazón latir fuera de nuestro pecho. Un beso sello nuestro pacto secreto de amor eterno.
¿Mi musa?, me pregunté mientras mis manos seguían escribiendo en el teclado este imaginario encuentro entre mi amada y yo. ¿Mi musa?, me volví a preguntar, hasta yo solo encontrar la respuesta: Mi musa la tengo en mi cama esperando, así que queridos lectores, buenas noches.
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