-¿Llegáis al pueblo o marcháis?
- He llegado esta mañana y parto esta noche, estoy terminando un trabajo pendiente.
-Tiene que ser duro ¿Verdad?
-¿Duro?¿el que?
- Su trabajo, tiene que ser duro.
- No, no es duro, al final la gente entiende que es un trabajo y que yo solo ayudo. Todo el mundo lo termina entendiendo.
-Normal, no hay otra opción ¿No? Usted llega se lleva lo suyo, cual recaudador de impuestos, y se marcha.
- No funciona así. Hay mucho falso bulo sobre mi. Yo hago lo que hay que hacer y todo el mundo vendrá conmigo tarde o temprano.
-Bueno ¿y me dirás tu nombre?
- ¿Cómo quieres que me llame?
... Mientras los pasos de los transeúntes se dirigían hacia ningún sitio pero siempre sin dejar de caminar, la pregunta quebró el fluido diálogo entre ambos personajes. Hacia rato que el camino parecía no acabar.
-¿Te puedo preguntar algo yo a ti?
- ¿Me puedo negar?
- Si, claro que puedes, pero simplemente te costaría más trabajo entenderlo. Todo es cuestión de tiempo.
- Venga pues, pregunta, yo no tengo nada que ocultar.
- Yo tampoco tengo que ocultar nada, pero quiero saber más ¿Quién ha sido la primera persona con la que has hablado hoy?¿Y que has desayunado?
- Esta mañana como siempre, con la peculiaridad de que hoy es domingo y no tenía que madrugar, me he levantado.....
Mis palabras se detuvieron en el aire pero continuaron en mi mente, efectivamente hoy domingo me tuve que haber levantado como siempre. Pero solo recuerdo estar en el cuarto de baño, después de haberme lavado la cara y cepillado los dientes, la sensación de frescor, observe que no había nadie en mi cama solo se oía el ruido de fondo en la cocina, mi mujer estaría seguramente preparando el desayuno. Recuerdo acercarme a la cocina para darle los buenos días. Estaba como siempre guapísima para mis ojos, solo llevaba una camiseta larga y las chancletas de la piscina. Su larga mata de pelo rozaba sensualmente la parte baja de su espalda. El momento me pareció digno de un cuadro, se dio la vuelta lentamente mientras la observaba y me percate de que estaba llorando, no era una llantina tonta, algo la afligía fuertemente.
- ¿Qué te ocurre mi amor?¿Qué ha pasado?
Ella no se digno contestarme solo se limito a mirarme a la cara. Alzo sus preciosas pupilas lentamente hasta mirarme fijamente a los ojos, pude observar que estaba enfadada conmigo. ¿Qué es lo que yo había hecho? No recuerdo haber dicho ni hecho nada que la pudiera molestar, pero seguro que metí la pata en algo.
- ¿Sigues ahí? parece que te has ido con las palabras,...
- Si, si... perdona. he tenido un déjàvu. -Un pensamiento asalto mi mente, mi cara debería de haber reflejado mi perplejidad.- ¿Soy yo? ¡Tu trabajo de hoy, soy yo! ¿Porqué...? ¿Cuando...?...
- Sí, mi trabajo de hoy eres tú. Pero tú lo sabias, esta noche me estabas esperando.
- Yo no lo sabía yo simplemente esperaba porque sabía que hoy era especial. ¿ahora qué? ¿se acaba?¿El paraíso? ¿El infierno?...
- Eso tendrás que verlo tú, creo que ya no es necesario que te de mi nombre.
- ¿Porqué no? ¿Cómo te gusta a ti que te llamen? Eso de la parca a mi no me gusta suena mal es como la palabra madrastra se da por hecho que esa persona ya es mala antes de ser ella misma.
- Curioso, cuanto menos curioso. Yo también tuve un nombre una vez, pero hace tanto tiempo que ya no me acuerdo, o sí espera mi nombre, mi nombre,... es Azrael. Hace tanto tiempo que nadie me lo preguntaba que casi se me había olvidado, aunque también me llaman Azrail, Ashriel, Azaril, Azriel, Baltazar y Ozryel....
-¿Ves? es más fácil así ahora ambos sabemos como nos llamamos.
- ¿No tienes miedo? La gente normalmente llora por otro momento, por una despedida, por decir algo en general para terminar aquello que se le quedo pendiente.
- Yo no, ahora si me acuerdo, fue mientras dormía y por la noche mientras abrazaba a mi mujer, acurrucado en la cama cuando ella estaba semidormida le susurre al oído: "Cariño, te amo". Pensé que dormía pero sus labios balbucearon un yo a ti también, aunque fuera entre sueños esa fue mi ultima frase después de eso dormí.
- ¿Y tus hijos?¿No te acuerdas de ellos?
- Claro fueron de los últimos que me despedí antes de acostarme, cada uno estaba en su cama el pequeño estaba desarropado y lo tape mientras le besaba en la frente y musite en su oído: "Campeón que Dios te bendiga.". El grande ya demasiado grande para arroparlo estaba ocupando la cama de un extremo a otro y besando su frente simplemente, esta vez le hice una petición: "Si algún día falto cuida de tu hermano, te quiero mi vida." Hable con ellos antes de irme a la cama y sé que me oyeron pues sus rostros reflejaban la felicidad de sentirse protegidos.
- ¿Entonces no te gustaría volver?
- Si, claro. Seguro que me pierdo momentos maravillosos junto a ellos, además me has hecho romper una promesa que hice hace mucho tiempo cuando sentí que le fallaba a uno de mis hijos, perdí por un momento mi cordura e hice una promesa que no dependía de mi, y le juré que le acompañaría hasta los 114 años y el problema no fue ese, el problema fue hacerle creer durante todo el tiempo que haría lo que estuviera en mi mano para cumplir esa promesa sabiendo que era muy probable que no pudiera cumplirla.
Un escalofrío recorrió mi mano derecha, una voz invadía mi mente, una lágrima caía en mi mejilla, un ruido turbaba mi mente la visión se volvía borrosa.
- Quizás tu momento no ha llegado, no te diré que lo aproveches, pues estás satisfecho de como has vivido. Nos volveremos a ver, algún día amigo.
La luz me molestaba, respiraba con dificultad, el escalofrío de la mano derecha era un gotero que me había puesto, la lagrima de mi mejilla era una gota de sudor de alguien que estaba justo encima mía. La imagen borrosa se comenzaba a aclarar, estaba en mi casa, tumbado en mi cama con un desconocido preguntándome que si le reconocía, no sabía quien era él, pero si podía reconocer la preocupada figura de mi mujer y mis hijos a su lado. Mi mujer callaba mientras mi mayor la prendía por los hombros y mi pequeño preguntaba: "Mama ¿Qué le pasa a papa?" y justo al comenzar a responder le sonreí y le guiñe un ojo, mi mujer sin saber porque mientras los médicos terminaban de recuperarme de algún sitio donde hubiera estado, le respondió a mi peque: "Cariño papa como siempre está jugando, esta vez ha hacerse el muerto cariño y estos señores están jugando con nosotros." a lo que mi niño respondió: " Mama, papa esta tarde no viene al parque a mi esta broma no me ha gustado, te ha puesto triste."
Me permitió volver o quizá mi mente jugo conmigo como yo siempre jugué con ella, pero si antes no tenía miedo a irme, ahora que sé que al menos un amigo me encontraré, eso sí algún día, lejano espero, pero algún día.
Lo mejor que he leido en mucho tiempo...
ResponderEliminarMuy conmovedora historia llena de matices que te hacen reflexionar en nuestro caminar en la vida y en la muerte. Bravo.
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