domingo, 6 de marzo de 2016

EL RENACER DE UN REY (PARTE 9)

Episodio anterior

Termine de comer y apure el último sorbo de aquel delicioso vino de manzana. Parecía poca comida al principio pero el plato era hondo e iba cubierto de carne hasta casi rebozar por los lados y el pan de centeno mojado en aquella salsa un poco picante estaba delicioso. Apuré el último trozo de pan en los restos de la salsa, aquello tenía que ser comida de dioses y como así me vino lo pregunté.

-    ¿Señorita? ¿Tabernera?
-    Si, dígame ¿le falta algo?- Me dijo con cara sorprendida pues es como si no estuviera acostumbrada a algo de lo que yo había dicho, como si por cualquier motivo le hubiera llamado su atención.
-    Tendría un par de preguntas si usted fuera tan amable de respondérmelas.
-    Sí claro, pero abrevia si no te importa, que la gente se impacienta si no aligero.
-    Tras probar la comida me gustaría agradecer a la cocinera, si es posible, que haya preparado este jabalí tan delicioso, que haya dejado de atender a sus clientes para poder realizar tan suculento plato que no sabe a vulgar sino a deliciosa comida preparada para el mismísimo Dios Pruen. – La cara de Selene no era de sorpresa sino más bien de espanto.
-    Shhhhhs, Como osas hablar del prohibido (dijo bajando el tono de su voz).
-    ¿Del prohibido?- pregunte asombrado, creyendo que se refería a la cocinera- Disculpa no sabía que no se podía mentar en esta taberna a la cocinera. Reitero mis disculpas si te he ofendido a ti o a alguien  del lugar.
-    ¿La cocinera?... Tú… ¿De dónde eres? ¿No has venido por aquí en los últimos 15 años verdad?

Dijo mientras me agarraba por el brazo y me levantaba velozmente de la mesa y me llevaba hasta la cocina, intente resistirme pensando que me llevaría hasta esa temida cocinera, no tenía ganas de empezar una bronca si acababa de llegar al pueblo.

-    Espera aquí. –Se dirigió a un muchacho que estaba sentado frente a un caldero pelando patatas y echándolas en este. Le dijo algo al oído y se levantó, me miró y se puso un delantal para salir posteriormente hacia la taberna soltando una ligera sonrisa mientras pasaba por mi lado. Mientras lo miraba salir, Selene se dirigió a mí.
-    Tú estás loco, como se te ocurre hablar del Dios prohibido en un sitio donde puedan oírte.
-    ¿Prohibido? ¿El Dios Pruen….?
-    Shhhhhhhhh…… dijo mientras me tapaba la boca con su mano y miraba nerviosa a un lado y otro.

No sé, qué empezó a contarme sobre que no se podía hablar del Dios Pruen, que estaba totalmente prohibido con penas de hasta la muerte. Que si de donde venia, que si no tenia apego por la vida, que si por aquí que si por allí… no sé solo podía detenerme en la tersura de sus manos acariciando mis labios, la profundidad de su mirada que derramaba esa sensación de preocupación, amabilidad, cariño y quizás algo de sorpresa.

-    ¿Me estás escuchando? ¿Estás entendiendo lo que te estoy diciendo?
-    Eh,… si, si claro.- Me costó trabajo responder pues había dejado de escuchar lo que decía, hacía un rato.
-    ¿De dónde eres? ¿Qué haces aquí? Bueno primero de todo ¿Cómo te llamas?
-    Mi nombre es Iatsko, -su cara demostró signo de sorpresa, pero de esas sorpresas que son esperadas e inesperadas al mismo tiempo.
-    Si, y tienes 16 años, y naciste en la tribu Ictacaa.
-    Si! ¿Cómo lo sabes? –Di dos pasos a un lado separándome de ella- ¿No serás una hechicera?- le dije.

La cara de Selene se tradujo en estupor y se dirigió a cerrar una cortina que separaba la cocina de la despensa en la que estábamos hablando. ¿Qué era lo que había dicho? ¿Por qué era tan raro mi nombre para crear esa sorpresa en ella? Empezó a levantarme la camisa, intente resistirme, pero la verdad es que era guapísima y parecía tan desesperada. Cuando de repente me dijo “no te ilusiones no estoy buscando eso”; más sorprendido me quede, entonces ¿Qué buscaba tan decidida? Sus movimientos fueron rápidos y firmes, me puso desnudo de cintura para arriba y me puso de cara a la pared. Me acorde de los castigos de orihada cuando no pensaba lo que hacía me ponía cara a la pared para qué pensará en lo que tenía que hacer la próxima vez antes de actuar y de esa manera decía ella que no me despistaba con las moscas de mi alrededor y así era capaz de concentrarme en mis pensamientos. Mientras estos recuerdos me afloraban en la mente, sentí como se retiraba de mi, deje de sentir sus manos y girándome mientras me recomponía la ropa la mire y estaba con los ojos desencajados las manos ocultaban la oquedad de su boca y su palabras solamente eran: “No puede ser…, eres tú…, tienes la señal” supongo que se refirió a la marca que dicen que me grabó el Dios Pruen en la espalda. 

-    Si claro el mismo de antes, solo ha cambiado mi nombre, antes no lo sabías y ahora sabes que mi nombre es Iatsko, ¿tan difícil es de memorizar Selene?
-    ¿Cómo sabes mi nombre? ¿por qué has venido a buscarme? ¿Dónde está tu bruja?
-    ¿Mi bruja? ¿Venir a buscarte? Espera, espera ¿Qué está ocurriendo aquí? Yo no he venido a buscarte he entrado a comer y ha sido una casualidad que tú fueras la tabernera, yo no sabía dónde encontrarte, si sabia quien eras, eso no lo niego, pues desde pequeño Orihada me dijo quien eras, pero siempre desde la lejanía te observaba en el Río.
-    ¿En el Río? ¿Cuándo lavaba la ropa?
-    Cuando lavabas la ropa, cuando nadabas, cuando te lavabas,… pero siempre en el Río
-    ¿Cuando me lavaba? – Dijo ella mientras se sonrojaba y se alejaba un poco más de mi.
-    Sí, pero nunca de cerca, siempre en la distancia.
-    Tenemos que hablar, yo no puedo estar más tiempo sin atender el salón. Busca una habitación en el hostal que hay junto a la taberna, yo iré a verte, llegaré tarde pero espera despierto.

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