- Si el momento, de mi retiro, tengo que
marchar al alba, el encuentro entre un rey y su guerrera no debe de convertirse
en matrimonio ni competir en nada con la que deba de ser su mujer. Mi sentido
es solo el de engendrar mi descendencia y tu escolta.
- Pero eso no es justo (dije casi
enojado)
- Tampoco la muerte de tus padres y
ocurrió.
Fue una respuesta seca y contundente,
a la misma vez que dijo esto se giro y juraría que se volvió con los ojos
inundados en lágrimas, salió de la habitación dejándome allí solo e invitándome
a salir a desayunar cuando me apeteciera. Cuando salí ella estaba de espaldas a
mí al otro lado de la candela en la que había un trozo de pierna de cordero
asado del día anterior y un buen jarro de leche de cabra recién ordeñada. Antes
de deleitarme con el desayuno me acerque a ella apreté mis manos a sus hombros
por la espalda con fuerza mientras amagaba un abrazo y le decía: “Si he dicho
algo que te haya molestado discúlpame, por favor.” Inspiro aire profunda y
entrecortadamente y lo exhaló en un suspiro largo y lento como si amagara con
ello el llanto que había contenido segundos antes, lentamente se giro y se
fundió conmigo en un abrazo paternal, era una sensación muy extraña era como si
fuera yo el adulto y ella la niña, como si fuera yo quien tenía que protegerla,
nunca había tenido esa sensación, siempre la había visto a ella como una
persona autosuficiente en todos los sentidos, fue la primera vez que la vi
vulnerable, ese día comprendí que Orihada tenía una historia paralela a la que
yo no había hecho ni caso, nunca me había preocupado por hablar de ella de sus
sentimientos de sus iras de sus deseos, en definitiva de ella. ¿Por qué se
había despertado esa inquietud en mí? Me sentía culpable de no haberle prestado
más atención tantos ratos juntos, que digo tantos ratos, una vida entera juntos,
la mía y nunca le pregunte nada de ella, nunca me interese por eso, nunca le di
importancia y ahora se había vuelto en un tema de una importancia tal que me
hacía sentir culpable de no haberlo hecho antes.
Interrumpió mis pensamientos
diciéndome que desayunara que ella tenía que preparar unas cuantas cosas. La
deje marchar de mis brazos extendiéndolos lentamente al igual que comenzaban
sus pasos, ella no se quería ir y yo no quería que se fuera pero ninguno lo
evito, me gire lentamente para sentarme junto al fuego, todo lo apetitosa que
me había parecido la carne y ese gran vaso de leche y ahora no tenía ganas de
comer. Pero como siempre Orihada estaba pendiente de todo y me dijo sin girar
la cabeza: “Por favor come que hoy será un día largo”. Sin preguntar nada le
hice caso y comencé a desayunar lentamente para intentar que me entrara
apetito.
Episodio Siguiente
Si os ha gustado y queréis saber que ocurre en esta historia compartid y darle a +1 y seguiremos viviendo juntos esta aventura
Ya estoy listo para recibir la septima entrega,esto si ya era interesante,ahora es mas si cabe despues de que orihada se haya pronunciado. Me encantaria saber el papel q juega en esta historia aquel niño de piel oscura y cabellos dorados q se transformo en aguila para desaparecer con su vuelo en las montañas.
ResponderEliminar