La
mañana transcurría como otra cualquiera en la taberna de los padres de Selene.
Ella preparaba las mesas y ayudaba a su madre en la cocina acarreando bultos de
un sitio a otro, sin saber que ocurriría en un día como aquel. Su larga melena yacía
sobre su pecho mientras ella limpiaba las mesas, aun estaba cerrado el
establecimiento, cuando la puerta se abrió. Una mujer con una túnica y una
capucha que le cubría el rostro entró en la taberna.
-
Buenos
días. (dijo Selene, mientras pensaba: “pronto empieza el día”)
-
Buenos
días. (dijo la mujer con voz seria) Ya llegó. Pronto sabrás de él. No busques
él te encontrará. No preguntes, él no sabrá, pero recuerda lo que oíste en tus
sueños, el momento está cerca.
El sentimiento que recorrió el cuerpo
de Selene fue estremecedor, no supo reaccionar mientras la mujer se volvía
sobre sus pasos. No supo darse cuenta de que el silencio vivía en su garganta y
cuando quiso decir algo la fantasmagórica mujer no estaba ya en el local, se
dirigió hacia la puerta a paso ligero y al salir a la calle se encontró con un
día frio con una ligera bruma que cubría los primeros rayos del sol. Su
sorpresa no fue la que esperaba pues no había nadie en la calle ¿Dónde estaba?
No podía haber desaparecido la calle era larga y solo se oían sus pasos.
Extraño, pero ni un alma paseaba, era temprano pero no para tanto a esa hora
normalmente la gente ya estaba recogiendo las casas, barriendo las puertas y
abriendo negocios. Hoy no era así. Tras de ella se oyó el cabalgar de un
jinete, girándose sobre si bruscamente mirando hacia el origen del sonido de
los cascos observo cómo se perdía en la bruma allá a lo lejos la silueta del
jinete que parecía ser la mujer que segundos antes había entrado en la taberna
se diluía en el horizonte.
Frio, eso fue lo que la saco de sus
pensamientos la sensación del frio húmedo acariciando su cara. Un segundo
después una lágrima caía de sus ojos para detenerse durante un segundo en la
comisura de sus labios, unos labios carnosos y protuberantes, como si fueran
una herida en su cara. Los pensamientos abrumaban su mente, momentos,
recuerdos, pensamientos, eso era lo que abrumaba la mente de Selene. Recuerdos
de una niña convertida en mujer, enseñanzas de una doctrina que tenía que
seguir por alguien escritos, hilos que se movían para que ella solo pudiera
andar hacia adelante, como si no hubiera capacidad de decisión, así aprendió y
en consecuencia obraba. Sus pasos se dirigieron hacia el interior de la taberna
cuando al cerrar la puerta sobre una mesa se encontró una pequeña caja de
madera con su nombre grabado a fuego. Intento abrirla pero estaba fuertemente
cerrada y junto a ella una nota que rezaba así:
“Has nacido y crecido conociendo tu
destino, el momento se acerca y tras él encontraras tu salvación de la vida de
esclavitud que has llevado. En este relicario encontraras la solución del
dilema que se te avecina. La llave la encontraras llegado el momento, guárdalo
como si la vida te fuera en ello, pues en verdad bien usado realizaras tus
sueños y si hierras tu juicio eterno se producirá.”
Los finos dedos de Selene cogieron el
relicario como si se tratara de un bebe recién nacido, la madera con la que
estaba hecho pareció sentir aquel pequeño e ínfimo abrazo, estremeciéndose
entre sus manos.
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