La tenue luz alumbraba el nocturno silencio del salón, únicamente roto por la música y la voz del locutor de radio. La tensión del día aún pululaba por mi mente, una inoportuna y temprana llamada de teléfono, una posterior discusión y todo un día por delante para acabar rendido en el sillón tras una funesta jornada de trabajo. Respiraba ofuscación por cada uno de los poros de mi cuerpo mientras intentaba apaciguarme con el sonido de la melodía e intentaba sumergirme en un preciado campo de pensamientos positivos. Con los parpados cerrados pude intuir la cercanía de mi amada al ensombrecerse el fulgor de la lámpara, no tengo ganas de hablar, me dije a mi mismo sin separar mis sellados labios.
- ¿Un mal día cariño? Olvídalo ya estas en casa.
Me susurro al odio, mientras sus manos me agarraban con firmeza los hombros a la vez que circundaba el sillón, aquel sillón en el que intente hacer mi fuerte para poco a poco aislarme de todo. Apoyó su otra mano en mi otro hombro asiendo fuertemente mi sobrecargado cuello y comenzó a desabotonar los botones superiores de la camisa. Comencé a sentir sus suaves y cálidas manos arrancar en cada uno de sus vaivenes la rabia contenida. Sus labios se acercaron a mi oído sintiendo el aire de su susurro rozando el lóbulo de mi oreja haciendo estremecerse el resto de mi cuerpo, para solo decir:
- ¡Ya estás en tu casa!, relájate y si quieres cuéntame. Los niños duermen y cuando tu quieras la cena esta lista.
La sensación de gozo fue inundando mi cuerpo y mente, haciendo desaparecer poco a poco los recuerdos del día. Con mi mano derecha agarre su mano izquierda y forzándola lentamente a sentarse cual joven amazona, aunque quizás esa virtud el tiempo ya se la quitó, seguirá siendo eternamente joven ante mis ojos. Quizás por costumbre, quizás por necesidad, quizás por obligación o como a mi me gusta pensar por que nunca vendería mi alma al diablo, pero mil veces le vendería a ella mi corazón.
Yo - ¿Sabes una cosa?
Ella - Dime
Yo - Simplemente eres maravillosa.
Tras decir eso, simplemente le robe un beso, quizás fue el mejor beso que había entregado en mi vida, aunque siempre que sus labios y los míos se juntan vuelvo a pensar lo mismo. Sabía que era la mujer perfecta para algún día, Dios quiera que muy lejano, despedirme de esta vida entre sus cálidas manos o abandonar esta vida para saber que ella me espera en la otra.
Todo el mundo tenemos un alma como la que yo tuve la suerte de encontrar en esta vida. No te canses nunca búscala y recuerda cuando dejes de buscarla aparecerá. Este breve texto se lo dedico con todo mi amor a MCCT.
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