lunes, 2 de marzo de 2015

EL RENACER DE UN REY PARTE 1

Hay quien dice que mi estrella marcaba mi propia existencia de dolor y fuerza. Hijo del Rey Mussag de la tribu de los Ictacaa. Una tribu dedicada desde el principio de la caída de los Dioses a la guerra y defensa de su pueblo de tribus invasoras pero dedicada desde las 2 últimas generaciones de reyes al cultivo de las tierras cansados de manchar de sangre las manos de sus hijos, tras arduas negociaciones el rey Mangaar consiguió iniciar la conocida como época de la paz de las tribus del valle de los Dioses, fue un acuerdo firmado por todas las tribus colindantes de la tribu Ictacaa. Los masinos colindantes al norte separados por el río del llanto y los habitantes de las tribus de Zafio conocidos por sus costumbres de embalsamar a sus difuntos y adorarlos durante tres días y sus tres noches para asegurar su purificación del cuerpo antes de mandar su cuerpo río abajo para perderse a través de las profundidades del océano, mientras son escoltados por los vigilantes del jardín, que son aquellos que van escoltando el cuerpo de los difuntos río abajo para asegurar que llegan hacia el mar de la eternidad. Pues bien llegados a este punto creo que es recomendable dar mi nombre antes del que el aliento no me llegue a los labios, antes de partir hacia el mar de la eternidad y ser escoltado por los vigilantes del jardín, aunque dudo que con tres días de rezos y plegarias mi alma quede purificada para ser recibida por los Dioses, mi nombre,… mi nombre es Iatsko, rey de la nada y amante del profundo rencor que engendra odio y miseria.

Nacido casi en el mismo dolor de la muerte, nací en la matanza de mi tribu, hay quien dice que fue mi propia fuerza interior la que me ayudo a sobrevivir, según los supervivientes todo empezó una mañana fría del mes del resurgimiento, llamado así por ser el primero del nuevo año en el que todas las cosas comienzan a nacer y crecer. Todo parecía indicar que sería un día normal frió por la mañana y templado a la tarde, pero no fue así los Masinos habían elegido este día para poder recoger el cetro del valle, un cetro según el cual la tradición decía que el poseedor de este sería el juez supremo y representante de los Dioses en la tierra para aplicar su justicia, era obligación tenerlo en su poder el jefe de la tribu que lo conquistara hasta su muerte, momento en el que su sucesor tendría que defenderlo de los otros dos reyes rivales, en un combate de resistencia consistente en recorrer la distancia que separa las tribus entre si y pasar tres días en las montañas de los Dioses para posteriormente meterse en el mar de la eternidad y que serán sus aguas las que purifiquen los cuerpos de los reyes y ayudarán a aquel que tenga que llevar el cetro y fatigarán a sus contrincantes. Hay reyes que llegaron a morir por la avaricia del poder al desfallecerse del cansancio de sus pecados en el agua del mar. Un peso bastante grande para poder resistirlo en las aguas del saber eterno. Los masinos habían decidido que esto no era una forma licita de obtener el poder y decidieron tomarlo por la fuerza, el cetro estaba en poder de mi tribu desde que lo conquistara mi abuelo Gionfer, tras estar 3 días en el agua y su oponente el Rey masino Gonngor morir ahogado al no poder mantener la conciencia de sus pecados. 

Fue una autentica matanza, llegaron al pueblo cuando aún los animales dormían y fueron prendiendo fuego a todas las cabañas empezando por la del rey, mi padre, en la cual estaban durmiendo él y mi madre. Los habitantes no pudieron hacer nada más que huir una tribu dedicada a la agricultura para mantener a sus familias y criar a sus hijos fuertes y sanos y rezar a los Dioses y entregar sus ofrendas cada día más ricas y exuberantes. Fue una pasada de cuchillo, pocos pudieron huir, no se sabe mucho de lo que ocurrió pues de los que lo vieron no pudieron vivir para contarlo y los que huyeron no fueron capaces de parar y volver su vista atrás hasta que el humo y los lamentos no cesaron. No quiero ni imaginar el dolor de la vuelta de las personas que recogieron a sus hermanos, mujeres, niños,… La aldea no era sino un crepitar de cenizas un silencio sepulcral ahuyentaba el más mínimo hilo de esperanza de vida, cuando dicen, que antes de que el llanto se oyera, un niño señaló al exterior de la aldea, al tótem del Dios Pruen. Dios de la Fuerza y Sabiduría, protector de la aldea en momentos de necesidad, segundos después de que el niño pidiera silencio entre los pocos que habían vuelto con vida se oyó el llanto de un niño.

Orihada fue la que se presentó en ese momento en la aldea por el bosque que nacía justo detrás del Tótem. Orihada era la guerrera de los Dioses la protectora de su templo solo destinada a mantener la fiel enseñanza de la guerra a los reyes en la víspera de sus reinados para poder defender a su pueblo, al igual que yo hija de Reyes, pues fue la primera hija de su madre y su sustituta, era la mujer destinada a ser el día de mañana la madre de su propia sustituta y engendrada por su propio aprendiz de guerrero  para poder así transmitir todo el conocimiento del aprendiz y el maestro a su futura hija, la copula entre el rey y la guerrera debía de producirse en la tercera luna del 2 mes del nuevo año, para asegurar que la descendencia fuera femenina, pues solo ellas podían ser capaces de transmitir todo el conocimiento a sus Reyes e hijas y silenciarlo para siempre, por eso vivían retiradas en la montaña y bajaban al pueblo solo en las ocasiones especiales, y esta era una de ellas. Si los hijos fueran varones eran entregados a los Dioses Como vigilantes del Jardín. Una buena guerrera debía de dar una sola hija y 4 varones fuertes y robustos hijos del Rey y la guerrera, todos los que no cumplieran estos requisitos eran entregados al Mar para que volvieran a vigilar las puertas del Jardín en su propia entrada. Orihada se dirigió a los habitantes que allí se habían congregado expectantes y se inclino para recoger al bebe, estaba en brazos de Fandia, mujer del rey Mussag, es decir el vástago del rey había sobrevivido a la misma hecatombe de la muerte, y hay quien dice que fue protegido por el Dios Pruen y que enfrentándose a la mismísima muerte solo con su mirada le dio tal cantidad de vida y fuerza que ella misma se rindió ante él y se retiró posponiendo su momento. El Bebe estaba frío y al sentir el calor del pecho de Orihada se silencio y se acurrucó sobre su protectora. La señal no fue ignorada por los allí presentes, pues al levantar al niño, en su espalda tenia una quemadura que asemejaba al símbolo del Dios que lo había protegido, Pruen. Era una especie de águila extendiendo sus alas, de hay fue de donde nació la fuerza del ahora llamado Rocon. La lectura de aquello fue rápidamente vista por aquella que protege el secreto de los Dioses, el niño había nacido para vengar la muerte y poder así traer el cetro a la aldea que corresponde, no podía ser de otra manera, había vencido a la muerte en su reinado y el protector del pueblo le había concedido la oportunidad de acurrucarse en su pie para así poder protegerlo del invasor y de la capa de la muerte, por lo que tenía que acelerar su conocimiento del arte de la guerra para que ese momento llegara cuando tuviera que llegar pero sin apresurarse, pues hablábamos de que la propia muerte había decidido acabar con su pueblo y que fue gracias a él por lo que su pueblo no termino de desaparecer, pues sin Rey los supervivientes se tendrían que haber rendido al rey invasor y ser sus fieles devotos y admiradores. Pues así hicieron mientras Orihada se retiraba a las profundidades del bosque para enseñar su doctrina a su discípulo y hacerlo volver a rescatar a su pueblo cuando este estuviera listo, y hubiera dejado descendencia para sustituirlo en caso de no llevar a buen puerto su destino, pues aunque escrito está el destino de cada hombre, se encuentra en constante lucha contra muchas fuerzas para llevarlo hasta el final y si además hay un Dios, como el mismo Dios del abismo y la muerte, en su contra complica aun más el camino.
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