Nacían los primeros minutos de una medianoche cualquiera un día de primavera, me disponía a comenzar un paseo nocturno por las calles de mi villa. Las farolas iluminaban cuales viejas antorchas, alguna, incluso tintineaba en su frío fulgor. Como compañía solo estaban mis pensamientos y algún grillo que acompasaba sus cantos con mis lentos pasos. La calles eran fríos desiertos de personas, los coches cuales carruajes abandonados yacían en sus aparcamientos mientras a lo lejos solo me encontraba con las siluetas de alguna pareja de enamorados dándose el último "hasta mañana". Mis pasos se encaminaban con destino fijo hacia ninguna parte. Era una de esas noches de primavera en las que la temperatura era agradable, sin llegar a ser ni fría ni calurosa. La noche prometía depararme alguna sorpresa, mas juro por Dios que no me podía imaginar cual sería.
Mis pasos sin rumbo me habían hecho llegar a las afueras de la villa sin saber muy bien por qué, en este momento las farolas se separaban un poco más unas de otras y me encontraba con alguna zona de penumbra algo más acentuada. Por un momento descubrí que solo se oía el eco de mi caminar, hasta los grillos habían dejado de acompañarme. En un instante de mi paseo cerca de los alrededores del camposanto noté un escalofrío en mi espalda, pero era normal, la temperatura poco a poco descendía y mi único ropaje era una camisa de manga corta. Cubrí mi cuerpo con una rebeca al tiempo que me percataba de que hasta el eco de mis pasos se había silenciado, quizás debido a que ahora andaba por suelo de gravilla y había abandonado el frío asfalto. Pronto o tal vez algo tarde reparé en que no era solo un paseo, que aquella noche se iba a convertir en un punto de inflexión en mi vida. Llevaría un indeterminado tiempo con mi paseo cuando observé que no era solo la luz de la luna y mi sombra las que me acompañaban.
- ¿Quién sois?- pregunté.
Un silencio que quizás estuvo a punto de confirmar que solo era una vaga ilusión de compañía en la solitaria oscuridad, me hizo volver a preguntar en voz alta.
- ¿Por qué me seguís?
Pero esta vez sí tuve respuesta, de la sombra que un olivo, a la luz de la tenue luna, le hace mostrar su enrevesada forma en el suelo, pude atisbar una silueta algo mas oscura que poco a poco acercaba sus pasos hacia mi, un hombre de cuerpo poco engrosado y un color de piel blancuzco que hasta para ser noche cerrada destacaba en la oscuridad.
- Buenas noches caballero, perdonad si os he molestado en vuestro paseo no quería incordiar.- Dijo con voz seca y dulce a la vez, profunda y cercana.
- No incordiáis, simplemente no esperaba encontrar a nadie en mi paseo, por eso salgo a estas horas.
- Es curioso, ese mismo motivo me hace salir a mi a estas horas también.
- ¿A donde os encaminan vuestros pasos? Nunca os había visto por la villa, ¿sois de aquí?
-Bueno, un poco de aquí un poco de allí, soy de todos sitios, realizando un trabajo por aquí y por allá.
- Un trotamundos de hoy día, ¿no? Bueno quizás todos tenemos un poco de trotamundos en este mundo de hoy.
- ¿Permitís compañía en vuestro paseo? No estaría mal para este viejo algo de charla y compaña.
No hay comentarios:
Publicar un comentario